Parcero rígido
En Santander se le dice así al parcero que es firme como una roca: terco, de carácter fuerte y difícil de convencer. También aplica para el amigo que, en plena rumba, se pone tieso con una idea y no hay quien lo mueva, ni con argumentos ni con tragos. Útil para describir lealtad, pero a veces es pura necedad.
Páralo
Interjección bien santandereana para frenar el cuento un segundo porque lo que te acaban de soltar te dejó frío. Se usa cuando algo te sorprende, te parece increíble o no te cuadra y necesitas confirmar. Es como decir ¿en serio?, no joda, o no me diga. Suena cortante, pero es puro asombro.
Estar enramado
En Santander se dice de alguien que está metido en un lío, en vueltas raras o en algo medio ilegal. Es como estar enredado, pero con ese toque de barrio que suena a que ya te pilló el problema y no sales fácil. Se usa mucho para chismear o advertir, y la verdad es bien gráfica.
Lengüazo
Un regaño épico al mejor estilo santandereano, cargado de sarcasmo y sin pelos en la lengua.
La tembladera
Es cuando te agarra un nerviosismo tan berraco que todo el cuerpo te tiembla, como si te estuvieran metiendo corriente o te hubiera dado un susto de muerte. Se usa para esos momentos en que uno queda todo tembloroso, con manos frías, voz quebrada y cara de susto. Y aceptémoslo, a veces da risa después.
Peínate
Expresión sarcástica muy usada cuando alguien suelta una idea absurda, exagerada o sin pies ni cabeza. Es como decir que se ubique, que deje de hablar bobadas y vuelva al planeta Tierra. No es un insulto fuerte, más bien una vacilada cariñosa entre amigos o familia, aunque bien tirada puede doler un poquito.
Pinga
En Santander, decir que algo está pinga es soltar que estuvo buenísimo, que salió redondo y te dejó feliz. Es un elogio bien directo, de esos que se dicen sin filtro. Ojo, porque en otros países la palabra tiene un sentido más sexual y puede sonar fuerte. Aquí es puro halago, y ya.
Guaricha
En Santander se usa para hablar de una chica joven, a veces con tono medio pícaro, medio juguetón, pero también puede sonar un poco vulgar según quién lo diga y cómo lo diga. Es de esas palabras que entre amigos suenan normal, pero con extraños puede quedar rara, así que mejor usarla con maña y oído.
Estar hecho un cuchuco
Expresión muy santandereana para decir que alguien está reventado, molido, sin fuerzas o hasta medio desbaratado, como si lo hubieran pasado por una licuadora. Viene del cuchuco, una sopa espesa de maíz quebrado que queda toda triturada. Es de esas frases que suenan a abuela regañona pero con cariño, y la verdad es que tiene bastante sabor.
Estar forrado
Expresión muy usada para decir que alguien tiene muchísima plata, que nada más le falta secarse con billetes después de bañarse. Se dice cuando la persona vive sin preocuparse por la cuenta del mercado, la gasolina o la factura del celular. Es una forma medio envidiosa, medio admirada de señalar que alguien está nadando en dinero.
Quedar guaskis
Se usa en Santander para decir que alguien terminó borrachísimo, pasado de tragos y sin saber ni dónde tiene la nariz. Es como decir que quedó vuelto nada después de una farra bien brava, de esas con aguardiente, música a todo volumen y chisme al día. Es coloquial, bien de la tierrita, y suena hasta cariñoso cuando no hubo tragedia.
Soplar la brisa
Se dice cuando te vas a dar una vuelta sin prisa, normalmente por la costa, el malecón o el muelle, solo para despejarte y disfrutar del airecito. Es plan cero estrés, mirar el mar, chismear un rato y dejar que la brisa te acomode las ideas. No es hacer nada, pero hacerlo con estilo.
Qué asado
En Santander se suelta para decir que algo te dio pereza, fastidio o te pareció bien aburridor. Es como soltar un “qué mamera”, pero con sabor santandereano. Sirve para una persona intensa, un plan que no cuaja o una situación que te saca la piedra. No es literal de comida, aunque suene a asado.
Parlar
En Santander, parlar no es solo hablar, es ponerse a reclamar duro, a cuestionar todo y a armar medio zaperoco con la lengua. Es como cuando alguien se emberraca y empieza a alegar por cada detalle, casi que parece audiencia de descargos. Y hay que admitir que a veces el parlazo es más entretenido que la novela.
Oler a tamal
Se dice cuando algo te suena raro y te da mala espina, como que hay gato encerrado y alguien está escondiendo algo. Es esa sensación de sospecha de que te están metiendo cuento o que la historia no cuadra ni a palos. Muy de calle, y sí, suena chistoso, pero pega perfecto.
Estar majao
En Santander decir que alguien está majao es decir que quedó reventado, sin fuerzas, como si lo hubieran machacado a punta de trabajo o caminata brava. Es ese cansancio que te deja medio bobo, que solo quieres cama, comida y silencio. Es muy de pueblo, muy campesina, y la verdad describe perfecto cuando uno ya no da más.
Chévere
En Santander se usa chévere para decir que algo está muy bacano, agradable o que simplemente está de lo mejor. No es solo que esté bueno, es que tiene su encanto y da gusto verlo o vivirlo. Es de esas palabras que uno suelta sin pensar cuando algo le parece realmente top.
Estar en la gloria
Se dice cuando estás tan a gusto que no te falta nada: cómodo, feliz y sin una sola preocupación. Puede ser por comer rico, descansar sabroso o porque todo te está saliendo redondo. Es como tocar el cielo un ratico, de esos momentos en los que dices: que nadie me moleste.
Dar plancha
En Santander se dice cuando alguien queda en ridículo o te provoca una vergüenza ajena brava por una escena incómoda. Es ese momento en que quieres mirar pa' otro lado porque la persona se quemó sola. También vale para cuando alguien hace el oso y deja a todo el mundo tieso del bochorno. Bien santandereano y bien directo.
Montar maroma
Se dice cuando alguien arma un drama enorme por una bobada, como si estuviera en una novela a las ocho. Es hacer show, escándalo o alboroto por algo que no da para tanto. En Santander suena bien de calle y sirve para bajarle el volumen al exagerado del grupo. Y sí, a veces uno también cae.
Jarrazo
En Santander se usa para hablar del sueño pesadísimo que te da después de una farra brava con guaro, cuando quedas fundido sin opción de seguir la rumba. Es como el nocaut oficial del parche, te vas a la lona y no te despierta ni el vecino poniendo vallenato a todo volumen. Y la verdad, a veces ese jarrazo entra sabroso.
Tener cabeza de chupa
Se usa para decir que alguien está súper despistado, como ido, que no aterriza ni a la de tres. Es esa persona que vive en su propio mundo, se le olvidan las cosas más básicas y parece que anda con la mente pegada en otra parte. Es medio cariñoso, medio burla, y la verdad es que tiene su gracia cuando lo sueltas en confianza.
Más casado que una hormiga
Se le suelta a alguien que está tan comprometido con la pareja que parece que vive con horario y permiso para todo. No es que esté felizmente enamorado, es que anda amarrado y no se mueve ni a comprar pan sin avisar. Va con tono de recocha y un puntico de pulla, pero sin mala leche.
Aguaje
En Santander aguaje es cuando alguien se las da de importante, presume más de la cuenta y aparenta plata, poder o estatus que en realidad no tiene. Es el típico personaje que arma show para impresionar, pero todo es fachada y humo. Se usa mucho para bajarle el ego a quien vive pendiente de aparentar. Y la verdad, da más risa que envidia.
¡Deje así!
Expresión muy santandereana para cortar la vaina y dar algo por terminado, ya sea una discusión, un regateo o un arreglo que puede salir peor. Es como decir mejor no toquemos más, dejemos las cosas quietas antes de embarrarla. Suena pasivo agresivo a veces, pero también ahorra peleas y dramas innecesarios, que eso también se agradece.
Empuercarle
En Santander se usa para decir que alguien dañó algo, lo enredó más o lo dejó hecho un desastre cuando se suponía que iba a ayudar. Viene de la idea de volver algo más puerco, más sucio o más feo en vez de arreglarlo. Es de esas palabras que suenan tan mal que hasta dan risa, pero describen perfecto el caos.
¡Qué jartera!
Se suelta cuando algo te da una pereza brutal o te parece un fastidio tremendo. Es como decir “qué lata”, “qué mamera” o “qué pereza”, pero con sabor santandereano y un puntito de queja sabrosa. Sirve para planes, trámites, gente intensa o cualquier cosa que te drene la vida.
Emparrandarse
Verbo bien costeño para decir que te vas de parranda a lo grande: salir a rumbear, beber, bailar y alargar la noche sin remordimientos. Es plan de amigos, música a todo volumen y cero ganas de irse temprano. Vamos, que te despegas de la rutina y te das la vida, aunque al día siguiente duela.
Carajazo
En Santander se usa para hablar de un golpe bien berraco, una caída aparatosa o un totazo que te deja viendo estrellitas y cuestionando tus decisiones de vida. Puede ser por andar de sobrado, por descuidado o por pura mala suerte. Es de esas palabras que suenan duro y, la verdad, describen el drama a la perfección.
Echar una mano
Expresión muy usada para pedir o ofrecer ayuda a alguien, como decir que le colaboras o le haces el favor. Es de esas frases que suenan suaves pero salvan el día cuando estás ahogado de cosas. Y claro, siempre hay quien promete que echa una mano y luego desaparece más rápido que el sueldo a fin de mes.
Hormiguero
En Santander se usa para hablar del gentío y el desorden que se arma cuando todo el mundo sale al tiempo, sobre todo en la mañana. Trancón, buses pitando, gente corriendo, vendedores gritando y uno tratando de sobrevivir. Es como ver un montón de hormigas alborotadas, cada cual en su cuento. Muy bumangués y muy real.
Estar en el plan
Se dice cuando alguien está metidísimo en algo, en su cuento, concentrado a tope y sin ganas de interrupciones. Es como estar en modo túnel, pegado a lo que estás haciendo y desconectado del resto. En Santander suena muy de parche cotidiano, de estar en la vuelta y no querer que lo saquen a uno de ahí.
Gota de aguardiente
En Santander se dice para hablar de ese traguito de aguardiente que cae por cualquier motivo, o por ninguno. Es la excusa perfecta para reunirse, brindar y alargar la charla con los parceros. No es que sea una medida exacta, es más bien una actitud: si hay plan, siempre cabe una gotica. Y sí, tiene su encanto.
Zarpar la arepa
Se usa para decir que alguien se emberraca duro, que ya se le llenó la taza y va a explotar con toda. Es como cuando uno aguanta, aguanta y de repente se le zarpa la arepa y ya no responde. Muy de tierra santandereana, con ese toque bravo pero sabroso que tienen por allá.
Oler a guerra
Expresión usada para describir a alguien que se ha perfumado tanto que deja su rastro olfativo por donde pasa, como si llevara una nube de aroma lista para la batalla.
Jartar
En Santander y buena parte de Colombia, jartar es meterse una buena comida o bebida, normalmente en cantidad y sin pena. No es solo comer, es darse el gusto, como cuando por fin hay plata y te desquitas del arroz con huevo. Suena callejero, medio exagerado y bien sabroso.
Ferrote
En Santander decir que algo está ferrote es decir que la cosa está muy difícil, casi imposible, que toca sudarla duro. Se usa para problemas pesados, favores complicados o planes que se ven bien enredados. Es como admitir que sí se puede, pero con toda la verraquera del mundo y rezando un poquito.
¿Dónde, ome?
Expresión muy santandereana que se usa para mostrar sorpresa, duda o total incredulidad ante algo que suena rarísimo o difícil de creer. Es como decir ¿en serio? o ¿qué me dices? pero con sabor a tierra caliente y acento bravo. Suele salir cuando el chisme está tan loco que uno queda medio en shock, aunque también se usa medio en burla.
Hacerse un ocho
Se dice cuando alguien se enreda tanto con algo que acaba más confundido que al principio. Es como complicarse la vida solo, liarse con los pasos, mezclar cosas o perderse en los detalles. Vamos, que te haces un lío monumental y luego toca deshacer el nudo. Muy útil para reírse del caos propio.
Echar misión
Se usa para decir que uno va a salir a hacer algo medio improvisado, con plan de aventura y desorden sano, casi siempre con los panas. Puede ser ir a rumbear, a buscar qué hacer por ahí o a resolver algún asunto en combo. Es como armar un plan callejero sin mucha organización, pero con toda la actitud y ganas de vacilar.
Estar de guayabo
En Santander se dice cuando estás con guayabo, o sea, con resaca y el cuerpo en modo castigo después de una rumba brava. También vale para ese bajón de energía y ánimo del día siguiente, cuando todo te suena duro y solo piensas en cama, sopa y silencio. No es poesía, pero describe perfecto.
Hágase un favor
Frase típica para decirle a alguien que se ahorre el ridículo o el problema y haga lo sensato. Se suelta cuando ves que la persona va directo al desastre, o ya la embarró y todavía insiste. Es como un espabile, pero con tono de consejo y un puntico de ironía. Mano, hágase un favor y pare ahí.
Estirar la pata
Expresión muy usada en Santander para hablar de morirse con humor negro y sin tanto drama. Es como reírse un poco de la muerte, con esa resignación terca y práctica que tiene la gente de la región. Suena fuerte, pero entre amigos y familia se usa con cariño y hasta con algo de guasa, porque al final a todos nos toca.
Parcialera
En la U, una parcialera es la persona que desaparece todo el semestre y solo vuelve a dar señales de vida cuando se vienen los parciales. Llega en modo turbo, pide apuntes, arma grupo a última hora y pretende salvar la materia en dos noches. También se dice del plan desesperado de estudiar a lo loco justo antes del examen.
Pasar la noche en vela
Frase típica para cuando uno se trasnocha feo y no pega un solo ojo en toda la noche. Puede ser por estar de farra, por quedarse hablando hasta tarde o por andar con la cabeza llena de problemas. El cuerpo pide cama, pero la mente anda en modo bucle. Y al otro día uno parece zombi, pero ahí sigue dándole.
Jalar mecate
Expresión usada para referirse a cuando una persona intenta caerle bien o endulzar el oído de un superior, generalmente con fines interesados.
Echarse las onces
En Santander, echarse las onces es la sagrada merienda de media tarde, cuando el cuerpo ya está pidiendo algo rico y el alma también. Puede ser café con leche, arepitas, pan, lo que haya por ahí. Es como un mini festín cotidiano para recargar pilas y chismosear un rato, que la vida sin onces sería tristísima.
Estar armado hasta los dientes
En Santander, esta frase se usa en plan exagerado para decir que alguien va súper preparado, cargado con todo lo necesario para lo que venga. No es que vayas con fierros, es más bien que llevas desde la plata y los papeles hasta la comida, el cargador y el tinto. Puro modo prevenido.
Guachafita
Se dice cuando un plan se desordena y se vuelve puro relajo: risas, bulla, gente hablando encima y cero seriedad. Puede ser una fiesta improvisada o cualquier situación que se sale de control en el buen sentido. No es precisamente elegante, pero para describir el caos sabroso, pega perfecto.
Berraco
En Santander decir que alguien es berraco es ponerlo en lo más alto. Es la persona que no se rinde, que es fuerte, tesa, valiente y además pila para resolver problemas. El berraco se mete en lo que sea y sale bien librado. Es un cumplido con sabor santandereano, y la verdad suena bien poderoso.