Expresión muy usada para decir que alguien tiene muchísima plata, que nada más le falta secarse con billetes después de bañarse. Se dice cuando la persona vive sin preocuparse por la cuenta del mercado, la gasolina o la factura del celular. Es una forma medio envidiosa, medio admirada de señalar que alguien está nadando en dinero.
Se usa para decir que alguien tiene muchísima plata, que está lleno de billete y no sabe ni en qué gastarlo. Es como si se hubiera ganado la lotería o le hubiera caído una herencia brava. Nada que ver con abrigarse, aquí es puro nivel de bolsillo y, la verdad, suena sabroso decirlo.
Se dice cuando alguien tiene mucha plata, o sea, que está nadando en billetes. Puede ser porque le va brutal en la chamba, porque pegó un negociazo o porque heredó. Es bastante común y suena a envidia sana o a comentario medio picón. Vamos, que el pata está con la billetera reventando.
Se dice cuando alguien tiene un montón de plata, pero un montón de verdad. Vamos, que está nadando en billetes y no le duele gastar. Se usa mucho para hablar del que pegó un negocio, heredó o simplemente le va demasiado bien. A veces suena a envidia sana, a veces a pullita.
Se dice cuando alguien tiene un montón de plata, va sobrado o está nadando en billetes. No hace falta ser millonario de verdad, con que andés con buena harina ya aplica. En Costa Rica suena muy de calle y un pelín rajón, como cuando alguien se cree la última Coca del desierto.
Se dice cuando alguien tiene un montón de plata, o sea, que está nadando en billetes y no anda contando monedas. Es como decir que está recontra bien parado económicamente y se puede dar lujos sin sudarla. Ojo, también puede sonar a envidia sana o a rajada, según el tono.
Se dice cuando alguien tiene mucha plata, está lleno de billetes o, al menos, eso aparenta. Puede ser literal, porque le va brutal, o medio envidioso, tipo: mira a ese, está forrado. No siempre implica que lo presuma, pero si anda tirando pinta y gastando, la frase le cae como anillo al dedo.
Se dice cuando alguien tiene un montón de plata, o sea, que está nadando en billete. En Bogotá suena muy de calle y sirve tanto para hablar del que nació con plata como del que pegó un negocio y se disparó. A veces va con envidia sana, a veces con sospecha. Depende del tono.