En la Costa Caribe se usa para decir conversar de forma relajada, sin afán, echando cuento de lo que sea mientras corre la brisa y el chisme. Es hablar por gusto, por pasar el rato, con esa sabrosura costeña que hace que hasta de la nada salga una historia buena.
En Santander, parlar no es solo hablar, es ponerse a reclamar duro, a cuestionar todo y a armar medio zaperoco con la lengua. Es como cuando alguien se emberraca y empieza a alegar por cada detalle, casi que parece audiencia de descargos. Y hay que admitir que a veces el parlazo es más entretenido que la novela.
En Colombia, sobretodo en algunas zonas, parlar es ponerse a hablar largo y tendido, casi siempre de chisme sabroso, cuentos de barrio o historias bien adornadas. No es solo hablar, es darle lengua con gusto, meterle detalle y exageración. A veces cansa, pero también es la base oficial del sagrado arte del chisme.