Se suelta cuando algo te da una pereza brutal o te parece un fastidio tremendo. Es como decir “qué lata”, “qué mamera” o “qué pereza”, pero con sabor santandereano y un puntito de queja sabrosa. Sirve para planes, trámites, gente intensa o cualquier cosa que te drene la vida.
Se dice cuando algo te da una pereza monumental o te tiene mamado de lo aburrido, repetitivo o cansón. Es como soltar un ay no más con sabor boyacense, perfecto para quejarse sin armar drama. Suele salir con cara larga y un suspiro, porque la vida a veces se pone bien jartera.