Vaina
En Venezuela, y más en el habla insular, vaina es el comodín definitivo. Sirve para nombrar cualquier cosa cuando no te sale la palabra, cuando te da flojera especificar o cuando quieres sonar bien criollo. Puede ser objeto, situación, problema o plan. Depende del tono, puede sonar neutro o medio fastidiado. Y sí, se usa para todo.
Darle un chance
Se usa para decirle a alguien que le dé una oportunidad a otra persona o a una idea. Puede ser en el amor, en un trabajo, en un negocio o en cualquier plan de panas que sale de la nada. Es como aflojar un poquito y decir: dale, vamos a ver qué tal. Suena bien venezolano y bien relajado.
Estar hecho un brazo de playa
Se le dice a alguien que anda en modo relax total, sin estrés ni apuro, como si viviera tirado en la arena con la brisa pegándole y cero responsabilidades. Es el típico que responde mañana vemos a todo. Muy de isla, muy de Margarita, y la verdad es que provoca envidia.
Estar hecho una piedra
Se usa para hablar de alguien que está tan quieto que parece un adorno, sin ganas de moverse ni para ir al baño. Puede ser por resaca, flojera extrema o puro cansancio acumulado. Es como decir que la persona se volvió parte del paisaje, rígida y apagada. Y la verdad, a veces sienta rico quedarse así un rato.
Estar en la nota
En Nueva Esparta se dice cuando alguien está metido en el plan y lo está gozando de verdad. Puede ser en una rumba, en la playa o simplemente echando cuento con panas. Es estar en el mood, relajado y contento, como que todo cuadra. Si alguien no está en la nota, anda cortando la vibra.
Echar vaina
Expresión bien venezolana para decir que estás fastidiando, vacilando o echando broma con alguien, casi siempre en plan amistoso. Es soltar comentarios para picar un poquito, armar relajo y reírse un rato. Si te dicen que andas echando vaina, bájale dos o sigue, pero atente a la respuesta.
Echarle puerta
Se dice cuando cortas a alguien en seco o lo despachas, como quien le cierra la puerta en la cara pero sin montar un drama. Es una forma medio suave de decirle que se vaya, que ya ladilla o que no pinta nada ahí. Muy de panas, pero con su puntica de desprecio.
Echar un concierto
Se dice cuando vas a montar un fiestón en casa o en el patio, con música a tope, luces y ambiente, aunque no haya escenario ni DJ famoso. Es como prometer que la rumba va a estar tan dura que parece un concierto de verdad. En Nueva Esparta suena a plan playero y descontrolado, del bueno.
Armabulla
Se le dice así a la persona que siempre arma la bulla: el que prende el ambiente, junta gente y convierte cualquier rato en bochinche. No es solo fiestero, es el que organiza, mete música, suelta el chiste y hace que hasta el vecino amargado termine asomándose. En Margarita se usa con cariño, aunque a veces sea medio fastidioso.
Estar al pelo
Se dice cuando algo está perfecto, justo como tiene que estar: sin fallos, sin pegas y con todo bajo control. Puede ser tu plan, tu look, tu ánimo o hasta un trabajo bien hecho. Es de esas frases que suenan sencillas pero dejan claro que todo va fino y sin estrés. Una joyita para celebrar que todo fluye.
Echar más leña al sancocho
Se dice cuando alguien empeora una situación que ya venía caliente, metiendo más chisme, presión o problemas. Es como agarrar un sancocho que ya está hirviendo y todavía echarle más leña al fogón: sube el fuego y se arma el alboroto. Muy de calle para señalar al que no ayuda y encima enreda más.
Andar empizzao
Se dice cuando alguien anda con un subidón de energía, acelerado y medio alborotado, como si tuviera el motor prendido todo el día. Es ese mood de no parar quieto, hablar hasta por los codos y querer bailar aunque no haya música. Suena chistoso y bien de pana, como si la pizza diera superpoderes.
Armar el mambo
Se usa cuando alguien monta una fiesta bien prendida, arma la rumba o pone el ambiente a tope. Es como decir que va a haber música, gente, trago y desorden sabroso del bueno. También puede sonar a que se va a formar el alboroto, pero casi siempre va con vibra fiestera. Y sí, promete.
Teoría del pana
En Margarita, la teoría del pana es ese cuento optimista que suelta el amigo responsable antes de salir: llegamos temprano, rumbiamos un rato y nos vamos temprano. Suena serio, casi científico, pero en la vida real se cae a la primera ronda y al primer temazo. Al final, la noche se alarga y nadie se acuerda del plan.
Echarse una frasia
Se dice cuando te vas a pegar una siestica corta, de esas que no son dormir la noche entera, pero te dejan nuevo. Ideal después de la playa, del calorón o de comerte un plato pesado y quedar modo lagarto. Es como reiniciar el cuerpo en cinco minutos. Bendita frasia, la verdad.
Venir con cuentos
Se dice cuando alguien llega con excusas, cuentos chinos o historias inventadas para zafarse de algo. Vamos, que te están mareando y tú ya no te lo compras. Sirve para cortar el show y pedir que hablen claro. Muy de calle, bien directo y con ese tonito de: no me vengas con esa.
Ser un artista
Se le dice a alguien que es muy hábil para salirse con la suya, sobre todo cuando hay un lío de por medio. No va de pintar cuadros, va de tener labia, ingenio y cara dura en el buen sentido. En Nueva Esparta se suelta mucho para admirar esa viveza que resuelve todo a lo criollo.
Armar el bochinche
Se usa cuando alguien monta el alboroto y convierte cualquier plan en un desorden con ruido, gritos y gente metiéndose donde no la llaman. Puede ser fiesta improvisada, discusión en la calle o drama familiar. Vamos, que alguien prendió la mecha y ya todo es bochinche. En Nueva Esparta se oye bastante y pinta la escena perfecto.
Ponerle un fondo
En Nueva Esparta se dice cuando le metes una base o un refuerzo a algo para que quede más firme, más seguro o más “a prueba de todo”. Puede ser literal, como arreglar o reforzar algo, o figurado, como dejar un plan bien amarrado. Suena bien isleño y bien práctico, de resolver.
Mover el piso
Se dice cuando alguien o algo te sacude por dentro, te encanta y te deja medio bobo, como si te temblaran las piernas. Puede ser una persona que te trae loco o una situación que te emociona fuerte. Es bien venezolano y suena intenso, como un mini terremoto emocional, pero del bueno.
Echarse una caña
Se usa para decir que te vas a tomar una bebida alcohólica de forma relajada, normalmente una cerveza o un trago, y de paso echar cuento con los panas. Ojo, porque en muchos sitios “una caña” es cerveza, no ron. En Nueva Esparta puede sonar a plan playero, churuata y vacilón.
Echar el muá
Se dice cuando le das a alguien un besito rápido, de esos de saludo o despedida, haciendo el sonido muá. Es cariñoso, medio juguetón y cero dramático, como para quedar bien sin montar novela. Muy de panas, familia o jevita, según la confianza. Y sí, suena cursi, pero funciona.
Camarita
En Nueva Esparta se usa como forma cariñosa y callejera de decirle a un pana de confianza. Es como decir socio, compadre o mi hermano, pero con sabor isleño. Sirve para saludar, para pedir un favor o para marcar que hay buena vibra y cero formalidades. Si te dicen camarita, estás en la rosca.
¡Échale bola!
Se dice para meterle ánimo a alguien y que se ponga las pilas sin miedo: que le eche ganas, fuerza y actitud, aunque la cosa esté cuesta arriba. Es como un empujón verbal de pana, bien venezolano, tipo: deja la quejadera y arranca. Suena retador, pero casi siempre va con buena vibra.
Échale coco
Se dice para pedirle a alguien que piense bien, que use la cabeza y no se lance a lo loco. Es como un “razona un poquito” pero en versión caribeña, con ese tonito de consejo entre panas. Sirve tanto para decisiones serias como para cualquier metida de pata cotidiana. Y sí, suena sabroso.
Echarle el muerto a alguien
Se dice cuando alguien intenta endosarle a otro la culpa o el marrón para zafarse de un problema. Vamos, el clásico de hacerse el loco y señalar al primero que pase. Se usa mucho en broncas familiares, en el trabajo o cuando nadie quiere hacerse cargo. Feo, sí, pero pasa más de lo que se admite.
Estar pepitao
Se usa para decir que algo está brutal, finísimo o de lujo, como cuando un carro, una fiesta o un plan te deja loco. También puede ir para una persona que anda encendida, con full energía y en modo imparable. Es bien de la isla y suena sabroso, de esos que levantan el ánimo.
Montar el rancho
En Nueva Esparta se dice cuando alguien propone armar un plan casero sin tanta vuelta: reunir panas en un apartamento o casa, poner música, sacar unas birras, algo pa' picar y que la cosa se prenda. Es como decir “hagamos la juntadera aquí mismo” y listo. Cero protocolo, puro vacilón.
Llegó y pasó
Se dice cuando alguien aparece en un sitio y se va casi de inmediato, sin quedarse ni hacer vida. Como que pasó por ahí, dejó la estela y chao. También vale para cuando ni saluda o nadie lo nota porque fue un momentico. Es bien de estar de paso, tipo visita relámpago.
Rancio
En Nueva Esparta, decir que alguien anda rancio es soltar que está pesado, de mal humor o con una vibra que corta el vacilón. Es el típico aguafiestas que llega con cara larga y te baja la nota en plena parranda. No es que huela a viejo, es que está insoportable. Y sí, se nota a kilómetros.
Echarse el cuento
Se dice cuando alguien se inventa una historia, una excusa o un cuento bien armado para zafarse, quedar bien o marear a los demás. Es puro bla bla y labia, a veces hasta da risa de lo descarado. Muy de pana: te lo sueltan con cara seria y tú sabes que es tremendo invento.
Echarse un palmentao
Expresión usada para referirse a tomar una siestica rápida después del almuerzo, fundamental en el Caribe cuando la comida te deja pegado al sofá.
Echar la canoa
Expresión bien margariteña para decir que te vas a escapar un rato, desconectar del estrés y hacer lo que te provoque, normalmente en plan relax o rumba suave. Es como darte una fuguita de la rutina y mandarla a freír espárragos por unas horas. Suena a brisa, playa y cero drama, la verdad.
No te la creas
Se le suelta a alguien para que no se agrande, no se emocione de más o no se crea la gran vaina por algo mínimo. Es un bajón de humos con cariño o con picante, según el tono. También vale para cortar a quien anda alardeando o interpretando señales donde no las hay.
Lanzarse un seco
Se dice cuando alguien se toma un trago de licor de un solo golpe, sin mezcla ni nada, puro y al pecho. Es el típico movimiento de valiente o de quien anda apurado y quiere “resolver” rápido. En Margarita lo sueltan mucho entre panas, sobre todo con ron, y sí, pega sabroso.
Chillando las papas
Se dice cuando alguien está quejándose o lloriqueando por cualquier tontería, como si el mundo se fuera a acabar. Es una forma medio burlona de decirle que baje dos cambios y deje el drama. Muy de panas, pero si lo sueltas con mala cara, pica. Y sí, suena rarísimo, pero funciona.
Echar un yate
En Nueva Esparta se dice cuando te vas a montar un plan playero improvisado pero bien montado. No es solo ir a la arena, es caer con la música, la neverita, la gente y la guarapita, y terminar armando un fiestón. Vamos, que el yate es imaginario, pero el bochinche es real.
Pana
En Nueva Esparta y en buena parte de Venezuela, pana es tu colega de confianza, el amigo de verdad. Se usa para llamar a alguien con cariño y complicidad, como decir compadre o bro, pero bien criollo. Si alguien es tu pana, es porque te cubre la espalda y se apunta a cualquier plan, bueno o medio loco.
Estar en la lúgana
Se dice cuando alguien está en modo relax total, sin apuro ni estrés, como tirado en la playa con la brisita de Margarita y una fría en la mano. Es estar tranquilo, disfrutando y dejando que el mundo ruede solo. Suena bien isleño y da ganas de desaparecer del WhatsApp un rato.
Ser una culebra guisada
Se le dice a alguien bien falso, de esos que te sonríen de frente y por detrás te echan veneno con chismes y maledicencia. Es el típico que se mete en todo, te vende como pana y luego te deja mal parado. En Nueva Esparta suena con sabor local, como diciendo: cuidado, que este viene cocinado pero igual muerde.
Estar en una pea
Se dice cuando estás borrachísimo, ya no es que estés alegre, es que vas en modo joda total. Es esa fase en la que el ron manda, hablas más de la cuenta y te crees invencible, pero al día siguiente te pasa factura. Muy de rumba venezolana, y sí, tiene su encanto si no te pasas.
Realización
En Margarita se usa para ese momento de bombillito que te cae tarde, cuando por fin te das cuenta de algo obvio después de darle mil vueltas. Suele venir con una risita, un suspiro de alivio o un Ay, vale, era eso. No es nada profundo, es más bien la típica caída en cuenta bien margariteña.
¡Ajolote!
Se suelta para llamarle a alguien despistado, perdido o con la mente en modo avión, como cuando no pilla una y se queda mirando al vacío. Es un toque medio burlón pero más de vacile que de bronca. Ideal para el pana que está ahí, pero no está. Y sí, suena rarísimo y por eso pega.
Echar los perros
Se dice cuando alguien le tira los tejos a otra persona, o sea, cuando anda en plan conquista y coqueteo con intención romántica. Es como ir a la caza del “sí” con labia y carita de yo no fui. Ojo, no va de pasear mascotas ni de soltar perros, va de echar cuento y arrimarse.
Zaperoco
En Margarita, un zaperoco es un lío grande, un alboroto o un desorden de los buenos, de esos donde todo el mundo habla a la vez, nadie se entiende y la cosa se enreda más. Puede ser una pelea, un chisme que explota o una situación caótica. Palabra sabrosa para cuando el plan se fue de control.
Echar los cuentos
En Nueva Esparta se dice cuando alguien se pone a contar historias, chismes o anécdotas, normalmente en plan relajado y con su toque de exageración. Es como sentarse a rajar un rato y ponerse al día con la gente. Si alguien “echa los cuentos”, prepárate porque viene carreta y detalles de más.
Estar fichao
Se dice cuando alguien ya está en la mira de alguien, normalmente de la policía, un guardia o cualquier figura de autoridad. Vamos, que te tienen identificado y te están echando el ojo porque hiciste algo raro o te la pasas de vivo. Si sigues inventando, te cae el regaño o algo peor.
Reírse como una foca
Se dice cuando alguien se ríe a carcajadas, sin control y con esa risa escandalosa que se pega. Vamos, que te da un ataque de risa y no hay quien te pare. La imagen es clara: una foca aplaudiendo y chillando de la emoción. En Margarita pega perfecto, con brisa y todo.
Estar casado con la playa
Se dice de alguien que vive pegado a la playa, como si tuviera un compromiso serio con la arena y el mar. No es literal, claro: es para vacilar al pana que siempre anda en traje de baño, bronceado y en modo relax, como si su casa fuera el malecón. Y bueno, en Nueva Esparta eso pasa bastante.
Echarse un camaroncito
Se dice cuando te vas a echar una siestica corta, de esas que son un parpadeo pero te resetean el alma. Es el clásico plan después de comer, de una rumba o de un día de playa con solazo. No es dormir toda la tarde, es recargar batería y volver al bonche como nuevo.