Estar embolsado
En el Meta se dice cuando alguien queda tirado, bien arropado y sin ganas de moverse, como metido en una bolsa o envuelto en cobija. Puede ser por pereza, por frío o por el bajón después de comer. No es que estés triste, es que estás en modo sofá total, y la verdad se siente sabroso.
Gracias, mijo
Expresión muy de abuelitas y tías llaneras para agradecer cualquier favor, desde pasarle el control hasta cargarle el bulto del mercado. Suena dulce, cercana y con mucho cariño, aunque a veces venga acompañada de un regañito suave para que no te agrandes. Es como un abrazo verbal con olor a café recién colado y arepitas en el fogón.
Estar jodido pero contento
Se usa cuando la cosa está fea, la plata no alcanza o todo se complica, pero uno igual se lo toma con humor y buena cara. Es muy de llanero optimista que se ríe de la mala racha y sigue pa' delante. Básicamente estás fregado, pero con la sonrisa puesta, porque qué más da, toca seguir.
Tener la tilla
Expresión llanera para decir que alguien está bravísimo, con la piedra subida y a punto de explotar por cualquier cosa. Es como cuando ves a alguien con la vena de la frente marcadísima y mejor ni le hablas. Muy típica en el Meta y los Llanos, y la verdad suena tan sabrosa como peligrosa.
Llorarse un río
Se dice cuando alguien se pone a quejarse o a dramatizar a lo grande por una bobada. Vamos, que arma novela y parece que el mundo se acabó por cualquier cosita. Es como convertir una llovizna en aguacero y de paso pedir pañuelo, abrazo y atención. Sirve para bajarle el volumen al drama con humor.
Hacerle la vuelta
En Meta y en buena parte de Colombia se dice cuando por fin te sale una jugada: un negocio, un plan o una vuelta que venías cuadrando. Es como decir que lo resolviste, que lo sacaste adelante y quedó redondito. A veces suena a viveza, pero también a pura gestión bien hecha.
Alma de tropel
Se le dice a la persona que vive metida en el tropel: donde hay pelea, chisme o problema, ahí aparece como si lo llamaran. No necesariamente es mala gente, pero sí bien metiche y alborotadora, de esas que prenden la mecha y luego se hacen las locas. En el Meta se oye bastante y pinta perfecto al personaje.
Qué vaina
Expresión súper colombiana, muy de los Llanos también, que sirve para soltar sorpresa, fastidio, desconcierto o resignación según el tono. Puede ser un simple “qué cosa” o un “qué problema” cuando todo se enreda. Es comodín total: lo dices y ya quedó claro que la vida se puso intensa, para bien o para mal.
Contar un caimán
En el Meta se dice cuando alguien suelta un chiste malísimo o una historia tan floja que en vez de risas deja un silencio incómodo, como de grillo. Es el típico momento en que todos se miran, nadie sabe qué decir y el que lo contó cree que la rompió. Da pena ajena, pero tiene su encanto.
Mamar gallo
Se dice cuando alguien está vacilando, tomando el pelo o haciendo todo menos ponerse serio. Puede ser broma inocente o pura pérdida de tiempo, según el tono. En Colombia se usa un montón para cortar el relajo y pedir que se pongan las pilas. Y sí, suena fuerte, pero es súper común.
Callejonero
Se le dice a alguien que vive metido en la calle y en el rebusque, siempre rondando callejones, parches y planes medio improvisados. Suele ser avispado, hablador y con mañas para salir de cualquier enredo. Puede sonar a pícaro o a problemático, según el tono. En Meta se usa con ese sabor bien de barrio.
Parchado
En Colombia se dice cuando estás relajado, sin afán y en plan de no complicarte la vida. Puede ser en la casa, en el parque o con los parceros, solo pasando el rato. Es como estar en modo descanso total, sin estrés ni vueltas. Si alguien te pregunta qué haces, esta palabra lo resume perfecto.
Pasar de agache
Se dice cuando alguien se hace el invisible para que no lo pillen o para zafarse de una responsabilidad. Va en modo agachado, como quien se escurre entre la gente para que no le caiga el turno. Muy de vivo, muy de no dar papaya. Útil, sí, pero también da una rabia sabrosa.
Sobrado de gusto
Se le dice a alguien que va demasiado bien vestido o con un estilo que se nota a kilómetros, como si estuviera desfilando. También vale para cuando alguien se luce con algo fino o de buen gusto y se le sube un poquito la elegancia. Es un piropo con picante llanero, de esos que suenan a envidia sana.
Ser el abuelo de la fiesta
Se dice del man que, aunque ya no sea un pelao, llega a la rumba y se adueña del parche: baila, vacila, echa cuento y termina animando más que cualquiera. No es que sea tu abuelo literal, es el veterano con flow que prende la fiesta y deja a los jóvenes mirando. Y sí, da hasta envidia.
Quedar burleto
Se dice cuando alguien queda en ridículo, hace el oso o se expone feo delante de la gente. Es ese momento en que te sale todo mal y el parche no te perdona ni una. Muy de recocha, para burlarse sin tanta maldad, pero igual pica. Si te pasa, respira y hazte el loco.
Irse de noria
En el Meta se dice cuando alguien se va a dar vueltas sin plan, dejándose llevar y terminando donde sea. Es como andar en modo improvisación total, de un lado pa’ otro, a veces de rumba, a veces de paseo, pero siempre sin rumbo claro. Si sales así, lo normal es que acabes con una historia rara para contar.
Dar lora
Se dice cuando alguien se pone a hablar y hablar sin parar, repitiendo el mismo cuento hasta cansar. Es como dar cantaleta, pero con ese toque llanero de fastidio: puro bla bla que no deja hacer nada. Sirve para regañar con cariño o para cortar a alguien que está intenso y no suelta el tema.
Ser la papa de la fiesta
Se dice de la persona que se vuelve el centro del parche en una rumba: el que prende la fiesta, anima a todo el mundo y hace que hasta el más tímido termine bailando. Es como ser el alma de la fiesta, pero con sabor llanero y un puntico de vacile. Si llega esa persona, ya sabes que la noche se salvó.
Echar cuento
Se dice cuando alguien se pone a inventar una historia, una excusa o un cuento chino para zafarse de un problema o quedar como un berraco. Es como adornar la realidad a punta de carreta. Puede ser medio inocente o bien descarado, según la cara dura del personaje. Y sí, casi siempre se nota.
Estar hecho un costalito
Se le dice a alguien cuando está reventado de cansancio o con una pereza brava, como si fuera un costal tirado en el piso, sin energía ni ganas de moverse. Sirve para después de una rumba, una jornada pesada o un guayabo de los que dejan viendo estrellitas. Suena bien llanerito.
Zapato roto
Se le dice a alguien que vive metido en líos o que parece atraer la mala suerte, como si anduviera salado todo el tiempo. También se usa para advertir que esa persona trae problemas pegados y mejor no juntarse mucho. Es de esas etiquetas que suenan chistosas, pero pican si te la sueltan en serio.
Jalada de guayaba
Dicho llanero para señalar que alguien se está inventando una historia o la está adornando demasiado, de esas que suenan buenísimas pero no se las cree ni la abuela. Es como decir cuento chimbo, exageración o pura carreta, pero con sabor a plaza y a chisme. Ideal para bajar a tierra al hablador.
Jurar en vano
Se dice cuando alguien promete algo con toda la seriedad del mundo, hasta lo jura, pero al final no cumple ni por casualidad. Vamos, que suelta la promesa para quedar bien y luego se hace el loco. Sirve para señalar al típico hablador que vende humo y deja a todo el mundo esperando.
Hacer bulla
Se refiere a armar un escándalo o hacer mucho ruido, ya sea literal o figurativamente al montar una fiesta de esas que sacaste hasta al cura a bailar.
Decorar la choza
Se dice cuando vas a poner la casa a punto para recibir gente, normalmente con plan de rumba. Implica arreglar, limpiar, mover muebles, prender luces, sacar parlantes y dejar todo bonito para que la vuelta salga bien. No es decoración fina, es dejar la choza lista pa' parchar y que nadie se quiera ir.
Irse de parte
En el Meta y en buena parte de Colombia se dice cuando alguien se pone a hablar de más y termina sapenado. O sea, se le suelta la lengua y cuenta un secreto, delata al parche o se va de chismoso con lo que no debía. Es como volverse informante sin querer, y eso siempre trae problema.
Calentar la yuca
En el Meta y los Llanos se dice cuando alguien llega a alborotar el ambiente, a echar cuento y a ilusionar, pero sin concretar nada. Es como prender la mecha y luego hacerse el loco: coquetea, promete, mete presión y al final no pasa nada. Sirve para personas y también para planes que se quedan en pura bulla.
Estar más perdío que huevo en columpio
Se usa para decir que alguien está totalmente desorientado, sin norte y sin entender un carajo de lo que pasa a su alrededor. La imagen del huevo en el columpio es tan absurda que ya da risa solo de pensarlo, porque está ahí dando vueltas sin servir para nada. Es una forma muy gráfica de decir que estás perdidísimo.
Ser el mero capo
Se le dice a alguien que es el jefe de verdad, el que manda, el que tiene el control y al que todos le copian. Es como decir que es el número uno del parche o del barrio, el que pone las reglas y mueve los hilos. Suena a respeto, a veces con un toque de exageración bien sabrosa.
Uy, cálmese
Frase bien colombiana para bajarle dos rayitas a alguien cuando se pone intenso, se emberraca o se emociona de más. Es como decirle “relájese, parcero” pero con ese toque de sorpresa, tipo “¿y este qué?”. Sirve para cortar el drama sin armar pelea, aunque puede sonar medio sarcástica si la sueltas duro.
Tocarrumba
Se le dice a alguien que anda en la luna, desubicado, como si estuviera en otro cuento y no aterrizara ni a palo. En el Meta suena bien llanero, de esos apodos que te sueltan con cariño pero también con pulla. Vamos, el típico que lo llaman tres veces y sigue ido.
Cagalera de risa
Se usa cuando algo da tanta risa que uno siente que se va a descomponer del estómago, como si la carcajada fuera tan brava que casi toca salir corriendo pa'l baño. Es una forma bien campesina y gráfica de decir que algo fue exageradamente chistoso, de esas risas que dejan sin aire y con dolor de barriga, literal.
Poner el guaral
En el Meta se dice cuando toca ponerse serio y meterle ganas a algo: comprometerse de verdad, apretar el paso y dejar claro que vas con toda. Es como decir “me amarro bien” o “me pongo las pilas”, pero con sabor llanero. Se usa mucho para trabajo, vueltas y planes que no pueden salir a medias.
Pacho
En el Meta, un pacho es un cuento chimbo, un engaño o una historia tan exagerada que no se la traga nadie. Se usa para señalar al que vive metiendo carreta y adornando la realidad como si fuera novela. Es como decir: deje el pacho, mijo, que eso suena a puro invento.
Sumercé
Tratamiento respetuoso y bien tradicional, muy de Colombia, que equivale a usted pero suena más cercano y cariñoso. Viene de su merced y se usa para hablarle a alguien con respeto sin ponerse tieso. En el llano y en familia se oye un montón. Si lo dices bien, te ganas confianza al toque.
Ver tele hasta achicopalarse
Se dice cuando te quedas pegado a la televisión tanto rato que acabas achicopalado, o sea, bajoneado, sin energía y con cero ganas de hacer algo más. Es como si la tele te chupara la vida y te dejara en modo zombie. Muy de quedarse en la casa y perder la tarde sin culpa.
Llegar al parche
Se dice cuando alguien cae al parche, o sea, llega al punto donde está la gente reunida pasando el rato. Puede ser una esquina, el parque, la casa de alguien o donde sea que se armó el plan. Es bien colombiano y suena a: ya llegué, ¿qué hubo pues? Y listo, a parchar.
Hacer roscas
En Colombia se dice cuando te quedas dormido, te pegas una siesta o te apagas sin darte cuenta, a veces en el peor momento. Es como decir que te fuiste a dormir sabroso y el mundo siguió sin ti. Muy de parche y de casa, y sí, da un poquito de risa admitirlo.
La cucha
En Colombia, sobre todo en el centro del país, la cucha suele ser la mamá o una señora mayor, dicho con cariño y un toque de recocha. A veces también se usa para hablar de la esposa o la pareja, pero lo más común es la mamá. Ojo con el tono, porque según cómo lo sueltes puede sonar medio despectivo.
Mamerto
En Colombia se usa para llamar mamerto a alguien que se pone intenso con la política, sobre todo si va de izquierdoso de manual, habla con superioridad moral y te suelta discursos eternos. También vale para el sabelotodo cansón que cree tener la verdad absoluta. No siempre es insulto heavy, pero sí bien burlón.
Camellar
En el llano decir que alguien anda camellando es que está trabajando durísimo, echando hombro sin parar para rebuscarse. No es un trabajo fino de oficina, es más bien sudar la gota gorda para sacar la plata del día. Suena a esfuerzo, a cansancio y también a orgullo de estar guerreándosela.
Pillarse
En el Meta, pillarse a alguien es agarrarlo infraganti haciendo algo raro, prohibido o medio chueco. Es como cazar al culpable en plena jugada, sin tiempo de que se haga el loco. También puede ser descubrir una mentira o una trampita. Y sí, cuando pillas a alguien, la risa y el chisme quedan servidos.
Estar requechévere
Se dice cuando algo está buenísimo, brutal, de lo más bacano, como el “chévere” pero con esteroides. Es una forma bien colombiana de subirle el volumen al entusiasmo y dejar claro que te encantó de verdad. Sirve para una fiesta, un plan, una comida o hasta un chisme que salió redondito.
Hacer una vuelta
En Colombia, hacer una vuelta es hacer un mandado, una diligencia o resolver un asunto, a veces medio improvisado y a veces con maña. Puede ser algo inocente como ir al banco o algo más turbio, según el contexto. Cuando alguien dice que ya hizo la vuelta, te está diciendo que ya lo cuadró.
Zarpar gallo
Se dice cuando alguien se lanza a hacer algo de golpe, sin pensarlo mucho, como con la cabeza caliente y cero frenos. Es ese impulso de “va, de una” que a veces sale épico y otras acaba en papelón. Muy de parche y de decisión mal calculada, pero hay que admitir que suena sabroso.
Estar arriba de la loma
En el Meta se dice cuando alguien anda en la cima: súper animado, con la energía por las nubes o disfrutando como si no hubiera mañana. Es como estar en racha, con el ánimo alto y todo saliendo bonito. Suena bien llanero y sirve tanto para una fiesta como para un buen día cualquiera.
Hacerse el lápiz
En el Meta se dice cuando alguien se hace el bobo a propósito: se hace el desentendido, finge que no sabe nada o que no es con él, aunque esté clarísimo que sí. Es la típica jugada para zafarse de un problema o no dar explicaciones. Suena medio picaresco y da rabiecita, la verdad.
Estar como arroz con coco
Se dice de alguien que está en su mejor momento: con energía, bien presentado y con una actitud que contagia. Vamos, que está fino, prendido y listo pa’ lo que sea. La comparación con el arroz con coco es puro antojo costeño metido en la conversación, porque si eso está bueno, la persona también.
Venir con toda la mecha
Se dice cuando alguien llega encendido, con toda la energía y las ganas del mundo, listo para darle duro a lo que sea: la rumba, el partido o el trabajo. Es como entrar en modo turbo, sin calentar y sin pena. En el Meta suena bien de calle y deja claro que esa persona viene a prender el parche.