En Bogotá, camellar es trabajar, currar duro, estar en la lucha. Se usa para hablar del día a día, del empleo o de cualquier pega que te toque hacer, casi siempre con tono de cansancio o resignación. Viene de camello, como si cargaras peso todo el día. Y sí, suena a que no te queda de otra.
Verbo muy usado en Cúcuta y en general en el Norte de Santander para hablar de trabajar duro, echarle ganas y aguantar jornada pesada, como camello cargando bultos bajo el sol. Puede ser trabajo formal o rebusque en la calle, pero siempre con la idea de esfuerzo fuerte. Y sí, solo de oírlo ya dan ganas de pedir aumento.
Se usa para decir que te toca trabajar duro, currar a lo bestia y sin mucho descanso, como si fueras un camello tirando del carro. Es muy de calle y suele salir cuando estás reventado pero igual sigues dándole. No es precisamente glamuroso, pero describe perfecto esos días eternos.
En Colombia se usa camellar para hablar de trabajar duro, casi siempre con cansancio encima y pocas ganas, pero tocado por la realidad. Es como decir que toca darle al trabajo sin parar, aguantando sueño, calor, jefes intensos y todo el paquete. Suena más callejero que decir trabajar, y la verdad es que tiene bastante más sabor.
En Antioquia camellar es trabajar duro, guerrearla sin descanso y echarle toda la energía al oficio, así el sueldo no alcance ni para las empanadas. Se usa para cualquier trabajo, desde oficina hasta rebusque en la calle, y suena más bacano que decir simplemente trabajar. Y hay que admitir que la palabra tiene su propio flow paisa.
En Ecuador camellar es currar duro, meterle horas al trabajo o a cualquier actividad que exige esfuerzo constante. Viene del habla colombiana y se ha pegado bastante por la cercanía y el intercambio diario. Es como decir que estás dándole sin descanso, a veces con queja, a veces con orgullo, pero siempre sudando la gota gorda.
En Nariño y en buena parte de Colombia, camellar es trabajar, currar o meterle duro a la chamba, casi siempre porque toca y no hay de otra. Vale para el trabajo formal o para cualquier rebusque del día a día. Suena muy de calle y bien juvenil. Y sí, cero camellos de verdad.
En el Cauca camellar es trabajar duro, meterle toda la energía y aguantar jornada larga sin quejarse mucho. Es como ser un camello cargando de todo, pero con flow. También se usa para cuando alguien se esfuerza un montón por cuadrar un plan, levantar un negocio o conquistar a alguien. Y hay que admitir que suena más chévere que decir simplemente trabajar.
En Bogotá se usa para hablar de trabajar duro, de darle sin parar, como si uno fuera un camello cargando cosas todo el día. Puede ser un trabajo formal o un rebusque, pero siempre con la idea de esfuerzo y cansancio. Es de esas palabras que suenan a sudor, pero también a orgullo de ganarse la vida a pulso.
En Cundinamarca se usa para hablar de trabajar duro, casi siempre más de lo que uno quisiera y por menos plata de la que debería. Es como decir que le estás metiendo la ficha al trabajo, juicioso pero medio explotado. Suena muy de calle y muy de oficina al mismo tiempo, y hay que admitir que tiene su gracia.
En el llano decir que alguien anda camellando es que está trabajando durísimo, echando hombro sin parar para rebuscarse. No es un trabajo fino de oficina, es más bien sudar la gota gorda para sacar la plata del día. Suena a esfuerzo, a cansancio y también a orgullo de estar guerreándosela.
En Venezuela se usa para hablar de trabajar duro, echarle pichón y rebuscarse como sea para sacar la plata. No es solo tener un empleo formal, también aplica para cualquier chamba extra, medio turbia o no, con tal de generar real. Es de esas palabras que suenan a sudor, solazo y ganas de no quedarse pelando.
Verbo callejero para decir currar, trabajar o pegarse una buena paliza, normalmente porque toca y punto. Se usa mucho cuando el día viene pesado, con horas extra, calor o un jefe que no perdona. Es como decir que no fue un trabajito suave, fue camello del bueno. Y sí, suena a sudor.
En la costa Caribe colombiana, camellar es trabajar duro, rebuscársela y meterle ganas al oficio, ya sea en la calle, en la oficina o vendiendo empanadas en la esquina. Es currar con berraquera, pero sin perder el vacile, el chiste y la buena vibra costeña. Suena a sudor, sol, mar y a no rajarse, aunque uno viva mamado.
En el Quindío se usa camellar para decir que alguien está trabajando duro, metiéndole toda la energía al oficio. Es como currar sin parar, ya sea en el cafetal, en la tienda o frente al computador. Suena a esfuerzo constante y a rebusque diario, y hay que admitir que la palabra tiene su sabrosura paisa.
En Risaralda y en buena parte de Colombia, camellar es trabajar duro, juicioso y sin quejarse mucho, como quien le mete la ficha al día a día. No es solo partirse el lomo, también implica rebusque, constancia y algo de buena vibra. Suena más a parche de barrio que a oficina con corbata, y por eso tiene su encanto.
En Colombia, camellar es currar duro, echarle ganas al trabajo para poder pagar las cuentas y no morirse de hambre. Puede ser en oficina, en la calle o en lo que salga, pero la idea es rebuscarse. Suena más calle que decir trabajar, y hay que admitir que tiene bastante saborcito barrial.
En Colombia, camellar es trabajar, currar, echarle horas. En el Valle del Cauca se oye un montón y vale tanto para un trabajo formal como para cualquier vuelta que te toque hacer para resolver. No es glamuroso, pero es real: cuando te toca, te toca. Y sí, suena bien más sabroso que decir trabajar.
En Colombia, camellar es trabajar, currar, darle duro a la chamba, normalmente por necesidad y sin mucho glamour. Puede ser en oficina o en obra, pero siempre con la idea de esfuerzo y jornada pesada. También se usa para decir que estás ocupado a tope. Suena muy de calle y bien colombiano.
En Ecuador se usa para decir que estás trabajando duro, metiéndole horas y sudándola en serio. Vamos, que andas a full con el camello, dándole al curro sin parar. Puede sonar medio quejoso o medio orgulloso, según el tono. No es fino, pero es bien de calle y pega fuerte.
En Colombia camellar es currar duro, meterle ganas al trabajo o al estudio, casi siempre con la idea de rebusque y de no aflojar. No es solo trabajar y ya, es guerrearla para conseguir la plata o sacar algo adelante. Suena informal, muy de la calle, y la verdad es que describe perfecto la vida del colombiano promedio.
En el sur de Colombia se usa para decir trabajar, normalmente un montón y sin parar. Es como “currar” pero con sabor bien colombiano, y casi siempre suena a que te tocó duro, con estrés y poco descanso. Viene de la idea del camello cargando peso, así que ya te imaginas el panorama.
Verbo coloquial para decir que te toca trabajar duro, pegarte una buena matada o currar sin parar. Viene de la idea del camello aguantando en el desierto, así que suena a esfuerzo y a jornada pesada. Se usa mucho cuando estás full chamba y no te queda de otra que darle.