En el Meta se dice cuando alguien suelta un chiste malísimo o una historia tan floja que en vez de risas deja un silencio incómodo, como de grillo. Es el típico momento en que todos se miran, nadie sabe qué decir y el que lo contó cree que la rompió. Da pena ajena, pero tiene su encanto.
"En la rumba, Juan se puso a contar un caimán y quedó ese silencio pesado. Mi prima solo dijo: uy no, qué vaina, y mejor subieron el volumen pa’ que no se notara."