Se dice cuando alguien promete algo con toda la seriedad del mundo, hasta lo jura, pero al final no cumple ni por casualidad. Vamos, que suelta la promesa para quedar bien y luego se hace el loco. Sirve para señalar al típico hablador que vende humo y deja a todo el mundo esperando.
Se dice cuando alguien jura o promete algo, pero tú ya sabes que es puro floro y que no lo va a cumplir ni de broma. Es como escuchar una promesa con cara de mentira desde el minuto uno. Muy de soltarlo con ironía, porque la gente se manda cada juramento que da risa.
Se usa cuando alguien promete algo sabiendo que no lo va a cumplir, o cuando ya nadie le cree porque siempre queda mal. Es como hacer promesas al aire solo para quedar bien en el momento. Muy de ese personaje que jura y rejura cada ocho días que va a cambiar de vida, pero sigue en las mismas, y la verdad hace gracia verlo insistir.