Se dice de alguien que es cliente habitual de un bar, fonda o negocio del barrio, de esos que ya conocen por nombre y hasta le guardan la mesa. Suele implicar que es fiel, educado y que consume sin armar lío. A veces también suena a vecino de confianza, bien integrado en la vuelta.
"En la cantina ya ni le preguntan, apenas llega le sirven su pinta. Ese man es buen parroquiano, siempre deja su propina y saluda a todo el mundo."