¡Da la pela!
Se dice para picar a alguien y que se ponga las pilas de verdad: que se esfuerce, que meta ganas y que no se quede a medias. Es como un a por todas, pero con sabor llanero. Vale para un partido, un examen o cualquier reto donde toca demostrar de qué estás hecho.
Joya
En Guárico decir que algo está joya es soltarle un sello de calidad. Significa que está buenísimo, que quedó brutal o que salió redondito, ya sea una comida, un plan o hasta una canción. Es un piropo sencillo pero contundente, de esos que te dejan claro que eso está nivel Dios.
Madre de los tomates
Interjección bien criolla para soltar cuando algo te deja loco, ya sea por sorpresa, susto o admiración. Es como decir Madre mía o ¡No puede ser!, pero con ese toque sabroso y exagerado que suelta la gente cuando se le sale el alma por la boca. Ideal para rematar una historia increíble.
Darle al olfateo
Se dice cuando alguien anda metiendo la nariz donde no lo llaman, preguntando de más o buscando chisme en la vida ajena. Es como estar husmeando, pero con ese toque de fastidio de barrio: ya basta, pana. Va perfecto para cortar a un curioso profesional sin armar un drama enorme.
Vidasito
Se le dice a alguien que vive relajado, sin apuro y sin matarse trabajando, como si su deporte oficial fuera echarse en la hamaca y disfrutar. Puede sonar cariñoso o medio envidioso, según el tono. Es el típico que siempre está en modo descanso y encima le sale bien la jugada.
Irse pa'l monte
En Guárico se dice cuando alguien se va a perder un rato, a desconectarse del mundo o a desaparecer sin dar muchas explicaciones. Puede ser literal, irse al campo o al monte de verdad, pero muchas veces es figurado: mandarlo todo a volar, salirse de la rutina y agarrar carretera. Suena a plan improvisado y sabroso.
Jala-jalu
Se dice cuando alguien está en el jueguito de sí pero no, haciendo las cosas a medias o sin decidirse. Es como estar jalando para un lado y para el otro, sin comprometerse con nada. Sirve para cortar la indecisión y pedir que se definan de una vez. En Guárico suena bien criollo y medio fastidioso.
Echar muela
Se dice cuando te pones a hablar y hablar, echando cuento sin prisa y casi sin objetivo, solo por pasar el rato. Es esa charla larga que se arma en la acera, en la plaza o en la puerta de la casa, a veces con chisme incluido. No es trabajar, es socializar a punta de lengua. Y sí, engancha.
Echarse una escapadita al llano
Se dice cuando te vas un par de días pa' los llanos a desconectar del corre corre de la ciudad. Es plan de aire limpio, atardecer rojito, hamaca, cafecito y hablar paja con los panas sin apuro. No es un viaje fancy, es más bien recargar batería con sabor llanero. Y sí, provoca durísimo.
Estás en la papa
Se le dice a alguien cuando está en su zona de confort, relajadísimo y sin preocupaciones, como si la vida le estuviera saliendo redonda. Es ese momento de estar tirado, cómodo, disfrutando y sin apuro por nada. Muy de panas, muy de llano, y da hasta envidia cuando lo ves.
Abombao
En Guárico se dice abombao para hablar de alguien que anda todo ido, como aturdido, lento o medio bobo, que no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor. Puede ser porque está distraído, trasnochado o simplemente porque es así de despistado. A veces suena cariñoso, pero también puede ser medio burla, según el tono.
Voltear la tórtola
Se dice cuando alguien le da la vuelta a la situación y cambia el rumbo de golpe, sobre todo después de una racha mala. Es como pasar de estar salado a que por fin te sonría la cosa. También vale para decisiones valientes, tipo cortar con lo de siempre y arrancar de cero. Suena bien llanero y con esperanza.
Echarle hoja
Expresión llanera para cuando alguien se infla solo, se adorna demasiado o exagera lo que hizo. Es como que le mete decoración barata a la historia para quedar como el más crack del grupo. Se usa mucho para bajarle el ego a la gente que presume de más, y la verdad es que suena bastante sabroso.
Fino fino
Se dice cuando algo quedó de primera, bien hecho y con calidad, como para sacarle pecho. Es repetir “fino” para subirle el volumen al halago, muy de conversación cotidiana. Vale para comida, ropa, un trabajo o hasta un plan que salió redondito. Si te lo sueltan, es que la rompiste, así de simple.
Cocinar el cuento
Se dice cuando alguien se inventa un cuento bien armado, una excusa o una historia con todos sus detalles para zafarse de un problema o salirse con la suya. Es como improvisar un guion en vivo y que suene creíble. En Guárico se oye bastante, y cuando te lo hacen, da rabia, pero también tiene su arte.
Pura pinta
Se dice cuando alguien va demasiado bien presentado: ropa fina, peinado al pelo y actitud de pasarela. Es como soltar un “qué elegancia la de Francia”, pero en versión llanera y con más sabor. También puede aplicarse a un look en general, no solo a la persona. Vamos, que va hecho un cuadro, pero del bueno.
Vacilar
En Guárico y en buena parte de Venezuela, vacilar es echar broma, joder un rato y tomarse la vida con calma. Puede ser vacilar a alguien (picarlo, fastidiarlo en plan juego) o vacilar por ahí con panas, o sea, salir a dar una vuelta sin tanto drama. Ojo, que no siempre es mala intención.
Estar pela'o
Se dice cuando estás sin plata, pelando bolas y con la cartera en modo desierto. Vamos, que no te alcanza ni pa' un cafecito y te toca inventar excusas o pedir fiado. Es bien de Venezuela y suena a realidad dura, pero también tiene su gracia cuando lo dices con humor.
Venirse de parranda
Se dice cuando te vas de fiesta con la gente, a beber, bailar y alargar la noche sin mirar el reloj. Es como anunciar: hoy no se duerme, hoy se goza. En Guárico suena bien llanero, con rumba, joropo y ese plan de terminar viendo amanecer donde sea. Y sí, suele acabar en cuento.
Sacar la leche
Usado para describir el acto de exprimirle todo lo posible a una situación o recurso, casi estrujándolo hasta dejarlo seco. ¡Venezolanos ingeniosos en acción!
buchonazo
Se le dice al que se pone de bocón a lo grande: habla duro, se agranda, promete vainas imposibles y arma show, casi siempre con unos tragos encima. Es como un “buchón” pero en modo exagerado, de esos que se creen el más bravo y al rato andan pidiendo cacao. Tiene su gracia, pero cansa rápido.
Jumear
Verbo bien llanero para decir que te vas de parranda a rumbear duro, sin mirar el reloj y con cero respeto por el sueño. Es salir a beber, bailar, echar cuento y alargar la noche hasta que cante el gallo. Si alguien dice que va a jumear, olvídate, vuelve cuando ya haya sol.
Echarse pa' los lados
Se usa cuando alguien se hace el loco para no asumir una responsabilidad o un compromiso, como quien ve el problema venir y se corre discretamente para que le pase por un lado. Es muy de pana que promete ayudar y al final se esfuma con cualquier cuento barato. Y hay que admitir que a veces las excusas son tan creativas que hasta dan risa.
Cuenta la verídica
Se usa para pedirle a alguien que suelte la verdad de una, sin adornos ni cuentos. Es como decir: no me vengas con excusas, dime qué pasó de verdad. Muy de pana para cuando hay chisme, sospecha o quieres una opinión sincera. Si te la piden, mejor no te pongas creativo.
Mijerío
En Guárico y por el llano se dice cuando te agarra una arrechera de esas que explotan de golpe porque alguien te colmó la paciencia. Es un enojo bravo, medio escandaloso, pero suele durar poquito, como un chaparrón: sueltas la rabia, resoplas y ya. Muy de rancho, de fogón y de vida llanera.
Montarse en el tren del ñeñe
Se dice cuando alguien se suma a una moda o a un plan porque está pegando duro y parece que deja plata o ventaja. Vamos, el típico subirse al carro, pero con sabor llanero y un toque burlón, como diciendo: no te hagas el original, que vienes por el premio cuando ya está servido.
Rigidear
Verbo bien llanero para cuando alguien se pone tieso, serio o demasiado correcto en un plan que debería ser relajado. Es como hacerse el importante o el amargado justo cuando la cosa está sabrosa. Vamos, que te falta soltarte un pelo y dejar la rigidez para la oficina.
Echar un chismeo
Se dice cuando te vas a sentar un rato a chismear con panas, ponerse al día con el barrio y soltar la lengua sin pena. Es hablar de quién anda con quién, qué pasó en la cuadra y cualquier cuento sabroso que aparezca. No es maldad necesariamente, a veces es puro entretenimiento y ya.
Carro pollito
En Guárico se le dice así a un carro viejito y medio destartalado, de esos que suenan por todos lados y parecen que se van a desarmar en la primera alcabala. No es bonito ni rápido, pero arranca, resuelve y te lleva. Es un apodo cariñoso para un cacharro guerrero.
Joropo en la casa
Se dice cuando en una casa se armó una rumba de las buenas, con música a todo volumen, baile y ambiente llanero. La idea es que la fiesta está tan prendida que parece un joropo de verdad, con zapateo y griterío incluido. Muy de los Llanos, y si no hay vecinos quejándose, es que faltó candela.
Echarle el cuento (a alguien)
Se usa para decir que alguien está cayéndole a otra persona, o sea, tirándole los perros con labia, piropos y cuento bonito para ver si se cuadra algo. En el llano suena bien llanero, bien de plaza y de sabana. No es enamorarse de golpe, es el proceso de conquistar. Y sí, a veces es puro cuento.
Hacer una patilla
Se dice cuando alguien hace algo a la carrera y medio chambón, sin cuidado ni detalle, solo para salir del paso. Es como resolver por resolver, dejando el trabajo a medias o mal hecho. En Guárico suena bien criollo, y si te lo dicen, ojo, porque te están cantando que eso quedó regular tirando a feo.
Quedarse como pajarito en grama
Dicho llanero para cuando alguien se queda dormido al instante y bien profundo, sin enterarse de nada. La imagen es clarita: un pajarito tirado en la grama, tranquilo, confiado y sin preocupaciones. Se usa mucho después de una jornada dura, una comilona o un viaje largo. Suena tierno, pero te deja en evidencia.
Veranito
En Guárico se dice veranito para hablar del calorazo que pega, como si siempre estuvieras en pleno verano aunque el calendario diga otra cosa. Sirve para quejarse del bochorno, del sol que te fríe y de ese clima que no perdona ni a la sombra. Es medio irónico y bien llanero, y se usa a cada rato.
Muñeco de monte
Dicho burlón para llamar a alguien bien despistado o medio bobo, de esos que andan perdidos aunque estén en su propio terreno. También se usa para el que es ingenuo y se deja llevar fácil. Suena a campo, a monte y a vacilón llanero. No es insulto pesado, más bien una cargadera.
Caramelo de río
Se le dice a alguien que se ve bien dulce, amable y de confianza, pero que por debajo puede ser peligroso, traicionero o medio mañoso. Como el río que se ve tranquilo y de repente te jala la corriente. Es un aviso con humor: no te dejes llevar por la carita de yo no fui.
Darse un berro
En Guárico se dice cuando te vas a echar una siesta bien sabrosa o a dormir profundo, de esos sueños que te dejan nuevo. Suele ser después de comer pesado o tras un día de trabajo duro. Es como desconectarte del mundo un rato y volver con la batería al cien. Bendita chinchorra.
Echarse un joyero
Se dice cuando alguien se pega una siesta brutal, de esas que te apagan el mundo y te reinician el cuerpo. Es la dormida seria, la que cae después de comer o cuando el calor del llano te deja sin batería. Sales como nuevo, con cara de no haber hecho nada y orgulloso de ello.
Partir plancha
Se dice cuando alguien sale disparado de un sitio, a toda velocidad, casi que huyendo. Es como “picar los cabos” o “salir escoñetado”, pero con ese toque de que te fuiste tan rápido que pareciera que partiste el piso. Se usa mucho en tono de chiste cuando alguien se asusta o le da pena y se va.
Oler a zamuros
Dicho bien criollo para soltarle a alguien que huele fatal, como a sudor rancio o a ropa mojada guardada. La idea es que apesta tanto que parece que trae zamuros pegados encima. Se usa en broma o para regañar con confianza, porque suena fuerte y da risa, pero pica.
Estar como talanquera
Se dice de alguien que anda pasado de revoluciones: hiperactivo, inquieto y con una energía que no se le acaba nunca. Como si tuviera un motorcito prendido y no supiera estarse quieto ni un segundo. Suele usarse en plan chanza cuando alguien no para de hablar, moverse o inventar, y cansa a cualquiera.
Echar el cuento llanero
Se dice cuando alguien se pone a hablar largo y tendido y le mete adorno de más a la historia, exagerando detalles para que suene más sabrosa o para convencer a alguien. Vamos, el típico cuento bien llanero, con labia y mucha paja. A veces es puro vacile, y otras es para tapar una metida de pata.
Echarse un quince y raya
Dicho venezolano para cuando te vas a tirar un descansito express, tipo una siesta corta de 15 minutos, normalmente después de comer o cuando el cuerpo ya no da más. Es como decir me desconecto un ratico y vuelvo. Suena a plan inocente, pero a veces ese quince se convierte en una hora sin avisar.
A la final
Se usa para decir al final, o sea, cuando ya se acaba la historia y toca ver en qué queda todo. En Venezuela es súper común soltarlo en conversaciones para resumir el desenlace o la conclusión, a veces con un tonito de resignación tipo ya qué más. Suena muy de calle y muy de chamo.
Echarse un puñal
Dicho llanero para cuando te metes una comilona seria, de esas que te dejan sudando y con ganas de siesta. Se usa después de un plato bien contundente, tipo sancocho, carne en vara o arroz con todo. Vamos, que no comiste, te reventaste a gusto. Y sí, da orgullo decirlo.
Volar pañuelo
Dicho bien llanero para cuando una vaina se descontrola de golpe y todo se va al carajo sin avisar. Es como decir que se armó el peo o que la cosa se torció feo, así, de la nada, como un pañuelo que agarra viento y se pierde. Se usa mucho para contar un desastre inesperado.
Echar broma
Se dice cuando te pones a vacilar y a hacer chistes con la gente, normalmente entre panas y sin mala intención. Muchas veces es fastidiar suave a alguien, tipo carrilla pero versión venezolana. Si hay confianza, se vale. Si no, mejor no te pases, que una broma mal puesta se vuelve peo rapidito.
Avísame, pues
Se dice para pedir que te mantengan al tanto de algo, como un “me cuentas” o “me avisas” pero con ese pues venezolano que le mete confianza y sonidito de calle. Va perfecto entre panas cuando estás pendiente de un plan, una noticia o cualquier vuelta. No es regaño, es relax con insistencia suave.
Mandarse una huida
Se dice cuando alguien sale disparado a escapar, normalmente porque la cosa se puso fea o porque hizo alguna travesura y no quiere dar la cara. Es como pegarse la fuga, pero con sabor llanero. Suele usarse en tono de chiste, como cuando te pillan en plena cagada y toca correr.
Aperolado
Se le dice a alguien que anda demasiado feliz, contento y con una sonrisa pegada, como si le hubiera caído un bono sorpresa o le hubieran resuelto un peo grande. Es ese mood de andar celebrando por nada, más feliz que cochino comiendo mango maduro. Suena bien llanero y bien de pana.