En Atacama se usa veranito para hablar de esos días de calor brutal que te dejan pegado a la silla y con la polera hecha sopa. Es como decir verano, pero con ironía, porque de chiquito no tiene nada. Sirve para quejarse del calor y exagerar un poco, que siempre viene bien.
En Yaracuy se usa como apodo cariñoso para una gaseosa o refresco, sobre todo cuando está bien fría y te salva del calorón. Es de esas palabras que suenan a confianza, como de bodega de barrio y tarde pegajosa. No es formal ni universal, pero en su zona se entiende y entra suave.
En Guárico se dice veranito para hablar del calorazo que pega, como si siempre estuvieras en pleno verano aunque el calendario diga otra cosa. Sirve para quejarse del bochorno, del sol que te fríe y de ese clima que no perdona ni a la sombra. Es medio irónico y bien llanero, y se usa a cada rato.