Hacer roña
Se dice de quien se apunta a un plan y, cuando toca pagar, se hace el loco: que si se dejó la cartera, que si no le funciona la tarjeta o que justo va pelado. Vamos, el típico que vive de gorra y siempre cae de pie. En Santander se entiende rápido y da una rabia fina.
Pintar la mona
Se dice cuando alguien está haciendo el payaso, dando la nota o entreteniéndose con tonterías en vez de hacer lo que toca. También vale para señalar que alguien está perdiendo el tiempo a lo grande, como si estuviera de adorno. No es súper fina, pero tiene ese puntito de colleja verbal que engancha.
Montarse un edificio
Se dice cuando alguien se viene arriba y se monta una fantasía enorme en la cabeza, como si ya lo tuviera todo hecho. Vamos, que se está haciendo una película y levantando castillos en el aire con algo que, con suerte, saldrá medio bien. Muy de colega para bajarle un poco a la nube sin mala leche.
Profe molón
Se dice del profesor que cae bien y tiene rollo, el típico que no va de sargento, te habla normal y hasta te cubre un poco cuando la clase va justa. No es que regale aprobados, pero sí que se nota que está de tu lado. Vamos, un profe con buen corazón y cero mala leche.
Hacer una santanderina
Se dice cuando alguien te vende la moto con una promesa enorme y luego, a la hora de la verdad, se queda en una miseria. Vamos, mucho bombo y poco plato. Suele soltarse con retranca, sobre todo si huele a promesa de político o de jefe listo. No es precisamente un piropo, pero tiene su puntito.
Hacer el mandao
Se dice cuando sales a hacer un recado rápido, en plan comprar pan o echar una carta, y acabas liándote por el camino. Entre que te cruzas con alguien, te paras a charlar y te metes en mil historias, el recado se te va de las manos. Muy de andar por la calle y volver tarde sin explicación decente.
Peleíto
Se le dice a alguien que va con el cuchillo entre los dientes, siempre buscando bronca o discutiendo por cualquier tontería. No hace falta que llegue a las manos, con que esté picón y saltón ya vale. Suele ir con tono de aviso, tipo: ni le toques el tema, que se enciende.
Echar fuente
Se dice cuando alguien se pone a exagerar a lo bestia o a inventarse cosas con toda la cara, como si estuviera soltando un chorro de historias sin parar. Vamos, que adorna tanto el cuento que ya no sabes qué es verdad y qué es puro teatro. Muy de vacilar y de dejar al cuentista retratado.
Estoy mallao
Se dice cuando estás pelado de frío, tieso como un palo y con ganas de meterte dentro de un radiador. Vamos, que el aire te está dejando fino y no en el buen sentido. Es una forma muy de la zona de quejarse del frío sin ponerse dramático, pero dejando claro que te estás congelando.
Dar la palia
Se dice de alguien que está dando la brasa a saco, insistiendo tanto que te acaba sacando de quicio. Vamos, que no para de molestar, de pedir, de repetir lo mismo y tú ya estás pensando en esconderte. En Santander se oye bastante y suena a que te están torturando a base de pesadez. Y sí, agota.
Estar en la cueva
Se dice cuando alguien está totalmente fuera de onda, desinformado o viviendo en su mundo, como si se hubiera metido en una cueva y no le llegara ni el WiFi. En Santander también vale para el que no se entera de los chismes del barrio o de lo que se cuece en las fiestas. Vamos, que va tardísimo.
Estar en el puerto
Se dice cuando alguien está despistado, en su mundo, sin enterarse de lo que pasa alrededor. Vamos, que le hablan y está como mirando las olas, con la cabeza a otra parte. En Santander suena muy de aquí por lo del puerto, y queda perfecto para señalar al colega que va a uvas sin mala leche.
Montar la estudiantina
Se dice cuando montas un plan de estudiantes con ganas de jaleo: quedada improvisada, ronda de bares, guitarrita, cánticos y risas hasta que el vecino se acuerda de tu familia. Vamos, organizar una fiesta con rollo universitario y un punto de desmadre. En Santander suena a pandilla y a noche larga.
Formar un ratico
Se dice cuando alguien monta un lío pequeño, un jaleo de nada, pero sin mala intención. Es el típico caos momentáneo que dura un rato y deja a la gente diciendo “pero tú qué haces”, entre risa y regañina. Muy de casa, de críos y de colegas que no pueden estar quietos.
Pegarse un garrotazo
En Santander se dice cuando te pillas una borrachera de las que hacen historia. No es solo beber, es acabar con lagunas mentales, anécdotas vergonzosas y algún karaoke improvisado a grito pelado. Suele ir con el verbo pegarse, en plan pegárselo bien fuerte. Al día siguiente lo cuentas entre risas y con resaca criminal.
Piernocas
Apodo medio en broma para alguien con las piernas largas y flacas, de esos que parecen un flamenco andando por la calle. Se suelta entre colegas para vacilar sin mala leche, como diciendo que el otro es puro palo y zancada. No es insulto serio, más bien cachondeo de barrio con cariño.
Ponerse en modo clasi
Se dice cuando alguien se pone finísimo de repente y empieza a ir de elegante o de superior, como si estuviera en una pasarela o en una cata de vinos. Vamos, que se le sube el postureo y se marca un papel de pijo entendido. Suele decirse con cachondeo para bajarle los humos sin discutir.
Vete a la esquina
Se suelta para quitarte de encima a alguien sin mandarlo a la mierda del todo. Es un “aparta un poco” con mala leche suave, como diciendo: deja de dar la tabarra y vete a enfriarte a otro lado. En Santander puede sonar a bronca de barrio, de las que te cortan el rollo en seco.
Estar hecho un cacao mental
Se dice cuando tienes la cabeza hecha un lío y no aclaras ni una, ya sea por estrés, por demasiada info o porque te lo han explicado fatal. Vamos, que estás confundidísimo y no sabes por dónde tirar. Es bastante común en España y suena muy gráfico, como si el cerebro fuese un batido raro.
Pelaíta
Se dice para referirse a una cría o chiquilla, normalmente con cariño y un puntito de guasa. Puede ser la niña de la familia, la hija de un vecino o cualquier peque que va siempre a su bola. A veces también sugiere que es inquieta, traviesa o un pelín respondona. Vamos, un torbellino en miniatura.
Poner la trucha
Se dice para pedirle a alguien que espabile y preste atención, como un “ponte las pilas” pero con sabor cántabro. Vale para clase, curro o cuando te están contando algo importante y tú estás en Babia. Suena medio absurdo, y justo por eso entra sola. Úsala con confianza.
Volver a las andadas
Se dice cuando alguien recae y vuelve a hacer lo de siempre, normalmente algo que ya había dejado porque le traía líos o le sentaba fatal. Vamos, que te dura la buena racha lo que un sobao en la puerta del cole. Muy típica para señalar al colega que promete cambiar y a la semana ya está igual.
Echarse al agua
Se dice cuando alguien se lanza a hacer algo sin pensarlo demasiado, como tirarse a la piscina y ya verás cómo cae. Vale para decisiones rápidas, planes improvisados o meterse en un lío por valiente o por inconsciente. En Santander suena muy de calle, de: venga, pa’lante, que ya apañaremos luego.
¡Ey, qué hay de brócoli!
Saludo en plan cachondeo para decir ¿qué pasa? o ¿qué tal?, como si estuvieras improvisando una frase absurda para romper el hielo. No pregunta por verduras, es puro vacile y buen rollo. Se suelta entre colegas cuando quieres entrar con gracia y que la otra persona se ría un poco antes de empezar a hablar en serio.
Como arroz en bajo
Se dice de alguien que aparece en todos lados y se mete en todos los fregados, aunque nadie le haya llamado. Vamos, el típico que hoy está en el bar, mañana en la peña y pasado organizando la fiesta del pueblo. Tiene un puntito de cachondeo y de reproche, pero con cariño.
Pillar el chisme
En Santander se dice cuando te enteras del cotilleo del momento, el salseo que corre por ahí y que todo el mundo quiere saber. Es como pillar la exclusiva del barrio: te llega el rumor, lo atas cabos y ya vas con la info calentita. No es precisamente periodismo, pero engancha que da gusto.
Llover a cántaros
Se dice cuando cae una lluvia brutal, de esas que te dejan calado en dos pasos, como si el cielo estuviera volcando cubos sin parar. No es exclusiva de Santander, pero allí encaja perfecto porque el agua va y viene con alegría. Vamos, que si sales sin paraguas, vuelves hecho sopa.
Estar en modo parrilla
Se dice cuando estás en plan vago total, tirado como una croqueta al sol, sin prisas ni responsabilidades en la cabeza. Es ese mood de no hacer absolutamente nada, solo existir, picar algo y dejar que el día pase. Muy de descanso merecido, aunque suene a que te están asando a fuego lento.
Estar limpio
Se dice cuando estás sin un duro, pelado, a cero, vamos, que no te llega ni para el bus. Es una forma muy común de admitir que vas tieso sin ponerte dramático. Suele ir con comparaciones tipo “más limpio que una patena” para rematar la desgracia con un poco de gracia.
Sonar la flauta
Se dice cuando alguien consigue algo de chiripa, sin esperarlo y casi sin merecerlo, como si la flauta sonara sola. Vamos, que no es talento ni plan maestro, es suerte pura y dura. Suele llevar un puntito de vacile o envidia sana, porque a veces la vida premia al que menos se lo curra.