En el Cesar se usa para referirse de forma coloquial y medio coqueta a una muchacha joven, casi siempre con tono pícaro de señor de esquina. Puede sonar cariñoso, pero también un poquito morboso según quién lo diga y cómo lo suelte. Es de esas palabras que pintan perfecto la sabrosura y el salseo costeño en una sola frase.
Se dice para referirse a una cría o chiquilla, normalmente con cariño y un puntito de guasa. Puede ser la niña de la familia, la hija de un vecino o cualquier peque que va siempre a su bola. A veces también sugiere que es inquieta, traviesa o un pelín respondona. Vamos, un torbellino en miniatura.