Se usa cuando algo sale increíblemente bien de pura suerte, casi sin haber hecho mucho mérito. Es como cuando todo estaba en contra, la cosa pintaba fea y de la nada se acomoda todo a tu favor. Es una expresión medio irónica, como diciendo que ni tú te crees que haya salido tan bien, pero igual te subes al coche de la victoria.
Se dice cuando a alguien le sale algo bien de pura chiripa, sin haberlo planeado ni currado mucho. Vamos, que la suerte te guiñó el ojo y te cayó el premio del cielo. También se usa con un puntito de ironía, como diciendo: mira tú, hasta a este le sonó la flauta.
Se dice cuando alguien consigue algo de chiripa, sin esperarlo y casi sin merecerlo, como si la flauta sonara sola. Vamos, que no es talento ni plan maestro, es suerte pura y dura. Suele llevar un puntito de vacile o envidia sana, porque a veces la vida premia al que menos se lo curra.