Se dice cuando sales a hacer un recado rápido, en plan comprar pan o echar una carta, y acabas liándote por el camino. Entre que te cruzas con alguien, te paras a charlar y te metes en mil historias, el recado se te va de las manos. Muy de andar por la calle y volver tarde sin explicación decente.
"Salí a hacer el mandao a por leche y, entre el bar, el paseo y el salseo con los colegas, volví dos horas después sin leche y con una bolsa de patatas."