Se dice cuando alguien te vende la moto con una promesa enorme y luego, a la hora de la verdad, se queda en una miseria. Vamos, mucho bombo y poco plato. Suele soltarse con retranca, sobre todo si huele a promesa de político o de jefe listo. No es precisamente un piropo, pero tiene su puntito.
"Nos juró que habría bonus y teletrabajo, y al final hizo una santanderina: una palmadita en la espalda y un vale para el café de la máquina."