Tabasco es tierra de agua, chocolate y pejelagartos. Los tabasqueños viven entre ríos y pantanos con una alegría que ni las inundaciones apagan. Aquí el calor es parte del ADN y la comida tiene ese toque tropical que no encuentras en ningún otro sitio.
"El darse un ranazo se usa cuando alguien se cae y se da un golpe tan fuerte que duele así como cuando te pegas en el dedo chiquito del pie con la pata de la cama, pero multiplicado por un millón. Y hace alusión a las ranas que cuando saltan y aterrizan parece que caen de panza."
"Hay nos vidrios es una frase que se usa como despedida entre amigos que se llevan súper súper bien es como decir hay nos vemos sólo que se sustituye la palabra vemos por vidrios porque tienen un ligero parecido entonces cuando ya te vas simplemente dices hay nos vidrios"
Andar empijamado
Se dice de alguien que anda por la vida en modo pijama, aunque traiga jeans y tenis. Va relax, sin prisa y con cero estrés, como si el mundo no lo apurara. Sirve para describir a quien se toma todo con calma y le vale un poco la presión. Envidia sana, la neta.
Chamba sabrosa
Se dice cuando un trabajo está bien a gusto: tranqui, sin presión y hasta te la pasas bien mientras chambeas. No es que no hagas nada, es que el ambiente está ligero y el día se va volando. Muy de barrio para presumir que te tocó una chamba cómoda. Y sí, suena rico.
Andar de cuento
Se dice cuando alguien anda de chismoso o de exagerado, inventando o adornando historias para llamar la atención. También aplica para quien arma un dramón por cualquier cosita, como si todo fuera novela. Vamos, que trae puro cuento y quiere que se lo compres. Y sí, a veces hasta entretiene.
Ahí nos vidrios
Forma chusca y relajada de decir ahí nos vemos o hasta luego. Es el típico juego de palabras que suena medio menso a propósito, como para despedirte sin ponerte serio. Se usa entre compas, con confianza, y deja claro que luego se vuelven a topar. En Tabasco pega bien con el cotorreo.
Dar el ranazo
Se dice cuando alguien se da un trancazo o se pega una caída bien aparatosa, de esas que suenan y dan pena ajena. También vale para un fracaso o un oso público, aunque no haya golpe. Es muy de barrio: te resbalas, te humillas tantito y ya quedó, diste el ranazo.