Expresión que se utiliza cuando alguien está empezando a enojarse o calentarse de manera notable, casi como una olla exprés lista para soltar el silbato.
Se dice cuando alguien va de flipado, presume a lo bestia o se marca una historia más inflada que un globo. Vamos, que está echando humo y vendiendo la moto, como si todo lo suyo fuera épico. Muy de barra de bar para cortar el rollo al cuentista de turno. Y oye, a veces hace falta.