En Trujillo se usa para decir que vas a comer con ganas, sin miedo al botón del pantalón, sobre todo cuando la comida está brutalmente rica. Es como anunciar que vas a atacar el plato hasta quedar medio rodando. Suena sabroso, medio callejero y la verdad es que da hambre solo de escucharlo.
En Perú, jamear es comer con ganas, a lo bestia, como si no hubiera mañana. Se usa cuando te metes un buen atracón, ya sea porque estabas con un hambre criminal o porque había comida de sobra y tocaba aprovechar. Es bien de calle y suena a plan improvisado que termina en barriga feliz.
En Arequipa se usa para decir comer, normalmente con ganas y sin vergüenza, como cuando te vas a meter un buen plato y no piensas compartir ni el olor. Es bien de calle y suena a hambre seria, no a ensaladita. Si lo dices, ya se sabe que vas a darle duro a la comida.
En la jerga limeña, jamear es comer con una hambre brutal, sin delicadezas ni postureos, como si no hubieras probado bocado en días. Se usa cuando te lanzas al plato con todo, ya sea menú de la esquina, chifa o lo que caiga. Es ese momento glorioso en que el estómago manda y la vergüenza se va de vacaciones.
Verbo bien peruano para decir comer, pero en plan con ganas, como cuando te estás metiendo un plato contundente y no dejas ni la salsita. Se usa mucho entre patas para proponer ir a comer o para contar que te diste un buen atracón. Suena callejero y con hambre real.
Verbo goloso que se utiliza para referirse a la acción de comer con ganas y sin control, especialmente cuando algo está delicioso.
En Trujillo no se dice comer, se dice jamear, porque acá no solo se come, se ataca el plato con ganas. Es para cuando te mandas la comida sin mucha etiqueta, con hambre de verdad y cero delicadeza. Es como decir que estás devorando la comida, y la verdad suena mucho más sabroso.
Verbo bien costeño para decir que alguien está comiendo con ganas, como con hambre atrasada, y no precisamente con modales de etiqueta. Es ese momento en que te sientas y le das duro a la comida sin pena, porque el estómago manda. Suena vacilón y se usa mucho en parche, sobre todo cuando hay fritos.
Verbo coloquial para decir comer, pero con cero finura y mucha hambre. Es cuando te mandas un buen plato, repites si hace falta y no estás para postureos de gourmet. Suena bien de calle y con tono vacilón, como diciendo: hoy se viene banquete y punto. Si lo dices, ya se sabe que vas en serio.
En Trujillo jamear es comer con un hambre brutal, disfrutando cada bocado y sin pensar en la dieta ni en nada. Es como atacar el plato con ganas, con confianza y con alegría, sobre todo después de una jarana o cuando hay comida rica en la mesa. Y la verdad, jamear así da gusto.
Verbo callejero para hablar de cuando alguien consigue algo de forma astuta, medio tramposa pero sin llegar a delito serio. Es como hacer un truco de magia social para obtener entradas, favores o cosas que parecían imposibles. Suele usarse con admiración, porque al que jamea bien se le ve como vivo, pilas y con buen floro.
En Piura jamear es comer con ganas, sin miedo al botón del pantalón. No es picar algo fino, es mandarte un platazo de ceviche, seco o lo que caiga, como si hubieras estado a dieta toda la semana. Es de esas palabras que ya te dan hambre solo de escucharlas, y la verdad es que tiene bastante encanto.
En Iquitos se usa jamear para hablar de comer con ganas, casi con desesperación, como si te hubieran tenido a dieta una semana. Es zamparse la comida rápido y con hambre brava, sin mucho mod mod. A veces también se suelta para hacer cosas a toda prisa, pero sobre todo va de darle duro al plato, que eso siempre alegra.
En Lima se usa para decir ir a comer, normalmente con hambre brava y cero paciencia. Es como “vamos a meterle diente” pero en versión callejera. Vale para una salchipapa, un menú de mercado o unos chicharrones bien grasos. Suena a plan simple y feliz: comer rico y quedar nuevo. Y sí, da risa decirlo.
Verbo bien callejero para decir comer, pero no en plan finolis, sino meterle diente con ganas. Se usa mucho cuando estás con un hambre brava, tipo que no has probado bocado en todo el día y ya te ruge la panza. Es como decir vamos a morfar, pero a la peruana y con urgencia.
En Piura jamear es ir a comer como rey, sin miedo al botón del pantalón. Se usa cuando vas a pegarte un banquete serio, con ceviche, chicharrón, causa, arroz con mariscos y todo lo que se cruce. No es solo comer, es disfrutar la comida con ganas, como buen piurano orgulloso de su sazón brutal.
Verbo callejero para decir comer con ganas, sin delicadeza y a lo bestia, como si te hubieras saltado tres comidas. Es meterte un buen atracón, normalmente de algo rico y contundente. Se oye mucho en el norte del Perú, sobre todo cuando la comida está tan buena que no hay forma humana de parar. Bendita gula.
En la selva de Loreto, jamear es salir a buscar comida en el monte o al río, ya sea a pescar o a cazar. No es plan turístico, es la chamba de todos los días para volver con algo pa' la olla. Suena a aventura, pero aquí es supervivencia con maña y paciencia.
Verbo bien piurano para decir comer con ganas, sin asco y con puro antojo, sobre todo cuando la comida está brutal. Es como zampar, pero con sabor norteño y un puntito de orgullo: si algo está rico, lo jameas y punto. Suena informal y callejero, perfecto para hablar de ceviche, seco o lo que caiga.
En Perú, jamear es comer con ganas, a lo bestia, cuando tienes un hambre criminal. No es solo picar algo, es sentarte y desaparecer el plato como si no hubieras visto comida en días. Se usa mucho en plan callejero entre patas, sobre todo después de la chamba, la juerga o una amanecida.
En Perú se usa jamear para decir comer con ganas, como si no hubieras probado bocado en tres días. No es solo comer, es atacar el plato con furia, repetir sin vergüenza y dejar el plato brillando. Es ese modo bestia que te entra cuando ves comida rica y tu estómago manda más que tu dignidad.
En Piura se usa para decir que vas a comer con ganas, sin miedo al empacho y disfrutando cada bocado. No es solo comer, es atacar el plato como si no hubieras visto comida en días. Suena a planazo con la mancha y, la verdad, solo decir jamear ya abre el apetito.
En Perú, jamear es comer con ganas, sin delicadezas y a veces con un hambre criminal, como si te fueran a quitar el plato. Se usa cuando te metes un buen bajón después de chambear, de una resaca o de estar todo el día en la calle. Suena bien de barrio y bien honesto.
En Piura jamear es ponerse a comer como si no hubiera mañana, darse un atracón brutal hasta quedar tirado mirando el techo con sueño y barriga llena. No es solo comer bastante, es abusar del plato con alegría y cero culpa. Es de esas palabras que ya te dan hambre solo de escucharlas, y la verdad es que tiene su encanto.
En Bolivia se usa jamear como sinónimo de comer con ganas, zamparse algo rico o ir a buscar comida cuando ya ruge la tripa. Es bastante informal y suena a plan entre panas, más de calle que de mesa elegante. Viene a ser como decir vamos a jamar, pero con ese toque boliviano que le da más sabor.