Se usa para decir que alguien anda con el ánimo por el piso, medio apagado o con un bajón raro, como si le faltara dulcito en la vida. Es una forma medio jocosa de hablar de estar triste o desmotivado, sin ponerse tan dramático. Y la verdad es que suena tan sabroso que hasta dan ganas de invitar a un postre.
Se le dice a alguien que está en modo rata total: tacaño, mezquino o tan agarrado que no suelta ni una sonrisa. Es como si tuviera la energía en rojo y por eso todo lo hace a lo mínimo, contando monedas y regateando pavadas. En Buenos Aires suena a chicana suave, pero pica.