En Junín se usa para decir que algo está bravazo, bien intenso o demasiado bueno, al punto que te deja medio loco. Puede ser una fiesta, un concierto, un chisme o hasta un examen dificilísimo. La idea es que la cosa fue tan fuerte o tan espectacular que te marca. Y sí, suena bien sabroso decirlo.
Se dice para bajar un cambio y dejar claro que no pasa nada. Es como soltar un “tranqui” o “todo bien” cuando alguien se preocupa de más. Muy de charla relajada, entre amigos, para cortar el drama y seguir con la vida. Va perfecto si hubo un mini quilombo, pero no es para tanto.