Se usa para quejarse de algo que da flojera, fastidia o te arruina el plan. Es como decir “qué molestia” o “qué hueva”, pero en versión más familiar y muy de diario. Vale para trámites eternos, gente impuntual o cualquier cosa que te saque de quicio. Y sí, suena bien dramático, pero funciona.

"Me dejaron plantado en el Zócalo otra vez, no manchen, qué lata, ya hasta el elotero me reconoció."

Se dice cuando algo te da una pereza tremenda o te está fastidiando de verdad. Es como soltar un “qué pesado” o “qué rollo” cuando alguien insiste, una situación se alarga o te toca hacer algo que no apetece nada. Muy de quejarse con gracia, sin montar un drama.

"Oe, ya pues, el pata no para de mandar audios de cinco minutos y encima en cadena. ¡Qué lata, causa, déjame respirar!"

¿Te gusta nuestro diccionario?

Además de rebuscar expresiones cañoneras, también contamos chistesitos.

Échale un ojo, si no te ríes en 10 segundos, te hacemos un descuento.

Tu cesta: 0,00 € (0 productos)
Imagen del producto

Tu Carrito de Magia

Tu carrito está vacío. ¡Adopta un Magikito!