Se dice cuando alguien endulza o adorna una historia de más, hasta que suena a cuento chino. Vamos, que le echa azúcar a paladas a lo que cuenta para quedar bien, impresionar o hacerse el héroe. No es mentir descarado siempre, pero sí exagerar bonito. Y a veces queda tan dulce que empalaga.
"José siempre azucaria sus viajes, que si en el Orinoco le ganó un pulso a un tiburón y luego se fue tranquilo a comerse una arepa."