Se dice cuando alguien le mete azúcar de más a un relato o a una situación, o sea, la adorna, la exagera y la pinta más linda de lo que fue. Es como chamuyar con moño: no es que sea mentira total, pero está re maquillado para quedar bien o vender humo. Y sí, se nota.
"Dale, no me azucares la cosa: decís que fue alto fiestón y a las once ya estabas cabeceando en el sillón con el fernet tibio."