Se dice cuando algo ya valió y toca aceptarlo sin darle más vueltas. Es como decir “ya fue”, “ni modo” o “a lo que sigue”. La idea es que lo guardas mentalmente en la mochila y sigues caminando, aunque haya salido mal. Muy de resignación práctica, pero con su toque de humor.
"Se me cayó el celular en el charco y ya no prendió. A la mochila, vámonos por unos tacos y a lo que sigue."