Se usa cuando algo salió mal y ya no hay forma de arreglarlo, así que solo queda resignarse y tomárselo con humor. Es como decir que el tema está muerto, que ya no vale la pena preocuparse. Suena medio trágico pero también chistoso, porque a veces no queda otra que reír para no llorar.
Expresión muy usada para decir que algo ya no tiene arreglo, que la cosa se perdió o simplemente ya pasó y no vale la pena seguir dándole vueltas. Se usa con resignación, pero muchas veces también con humor, como aceptando el destino con calma y un poco de filosofía callejera. Y hay que admitir que tiene su gracia.