En México se usa para hablar de una propiedad rural, casi siempre grande, con animales, cultivos y casas sencillas, lejos del desmadre de la ciudad. Puede ser desde una finca medio fifí hasta un lugar bien humilde, pero siempre con vibra de campo y vida tranquila. Y la neta, muchos sueñan con largarse al rancho cuando la ciudad los trae hartos.

"Cuando ando bien estresado del tráfico y la chamba, nomás pienso en irme al rancho de mis abuelos, echarme en la hamaca, comer carnita asada y olvidarme del mundo un rato."

En Chile, decir que se armó el rancho es que se prendió la casa: junta improvisada, medio a la mala, con lo que haya en la despensa. Puede ser carrete piola o desorden bonito, con papas, chelas y música fuerte. No es elegante, pero es de esas noches que terminan siendo las mejores.

"Llegamos donde el Nacho sin avisar y se armó el rancho al tiro: papitas, dos chelas tibias, parlante a todo chancho y todos bailando como si fuera Año Nuevo."

En Medellín, un rancho es una apuesta o reto que te pone el parche, casi siempre medio bobo y bien bochornoso, solo para verte pasar pena y reírse un rato. No es algo serio, es más la presión del combo y el show. Si te tocó rancho, te tocó aguantar la mirada y hacerlo sin arrugarte.

"Parce, me pusieron un rancho en el parque y me tocó bailar perreo lento con un tutú rosado frente a todo el parche, qué oso tan bravo."

En Costa Rica, rancho es la resaca brava, esa goma que te deja hecho leña y con el estómago vuelto un ocho. También se usa para hablar del malestar general después de pegarse la fiesta, cuando jurás que no volvés a tomar nunca más. Suena gracioso, pero cuando te da, no tiene nada de chiste.

"Mae, anoche me fui de jupa con el guaro y hoy amanecí con un rancho mortal, no me hablen ni me pongan música porque vomito de una."

En Argentina, decir que te hiciste un rancho es hablar de una comida bien improvisada y medio desprolija, armada con lo que haya en la heladera. Suele ser mezcla rara, cero gourmet, pero rendidora y con cariño. También se usa para la comida de campamento o de laburo, simple y al pie.

"Llegué tarde y no había nada, así que me hice un rancho: arroz de ayer, dos salchichas, un huevo arriba y chimichurri a lo bestia. Listo, a mimir."

En Valencia, decir que algo es un rancho es llamarlo cutre, chapucero o un poco desastre. Puede ser un plan mal montado, una fiesta con cuatro cosas o una situación que da vergüencita ajena. No es que sea tragedia, es más bien un despropósito que te hace soltar un: vaya rancho, nano.

"Menudo rancho de cena, nano: pan duro, dos olivas y encima se nos cae la paella al suelo. Va, anem a por un bocata y arreando."

En Cundinamarca se usa rancho para hablar de algo raro, incómodo o muy fuera de lugar, como una situación que te deja todo apenado o con cara de what. Puede ser una pinta horrible, un comentario fuera de tono o un momento tan incómodo que provoca pena ajena. Es de esas palabras que suenan chistosas, pero describen tragedias sociales pequeñas.

"Parce, llegué al cumple con mi pinta toda futurista y todos con jean y tenis, me miraron como bicho raro, qué rancho tan violento, casi me devuelvo pa' la casa del oso."

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