En México se usa para hablar de una propiedad rural, casi siempre grande, con animales, cultivos y casas sencillas, lejos del desmadre de la ciudad. Puede ser desde una finca medio fifí hasta un lugar bien humilde, pero siempre con vibra de campo y vida tranquila. Y la neta, muchos sueñan con largarse al rancho cuando la ciudad los trae hartos.
En Chile, decir que se armó el rancho es que se prendió la casa: junta improvisada, medio a la mala, con lo que haya en la despensa. Puede ser carrete piola o desorden bonito, con papas, chelas y música fuerte. No es elegante, pero es de esas noches que terminan siendo las mejores.
En Medellín, un rancho es una apuesta o reto que te pone el parche, casi siempre medio bobo y bien bochornoso, solo para verte pasar pena y reírse un rato. No es algo serio, es más la presión del combo y el show. Si te tocó rancho, te tocó aguantar la mirada y hacerlo sin arrugarte.
En Costa Rica, rancho es la resaca brava, esa goma que te deja hecho leña y con el estómago vuelto un ocho. También se usa para hablar del malestar general después de pegarse la fiesta, cuando jurás que no volvés a tomar nunca más. Suena gracioso, pero cuando te da, no tiene nada de chiste.
En Argentina, decir que te hiciste un rancho es hablar de una comida bien improvisada y medio desprolija, armada con lo que haya en la heladera. Suele ser mezcla rara, cero gourmet, pero rendidora y con cariño. También se usa para la comida de campamento o de laburo, simple y al pie.
En Valencia, decir que algo es un rancho es llamarlo cutre, chapucero o un poco desastre. Puede ser un plan mal montado, una fiesta con cuatro cosas o una situación que da vergüencita ajena. No es que sea tragedia, es más bien un despropósito que te hace soltar un: vaya rancho, nano.
En Cundinamarca se usa rancho para hablar de algo raro, incómodo o muy fuera de lugar, como una situación que te deja todo apenado o con cara de what. Puede ser una pinta horrible, un comentario fuera de tono o un momento tan incómodo que provoca pena ajena. Es de esas palabras que suenan chistosas, pero describen tragedias sociales pequeñas.