Se dice cuando hay un atasco de los bravos y el tráfico está imposible, todo quieto y la gente pitando como loca. En Bogotá es el pan de cada día: sales con tiempo y aun así llegas tarde. Sirve para quejarse, desahogarse y avisar a otros de que mejor se vayan por otro lado.
"Marica, esto está vuelto nada: ¡qué trancón! Llevo 40 minutos y ni he pasado el semáforo. Mejor me bajo y compro una empanada."