Se dice cuando alguien se pone hiperactivo o bien acelerado, como si trajera un resorte en las patas: brinca, no se está quieto y habla a mil por hora. Puede ser por nervios, emoción o exceso de cafeína. No es la frase más clásica, pero se entiende y pinta perfecto a alguien bien inquieto.
"No inventes, güey, desde que le dijeron que va a ser papá, Jorge anda como canguro: brinca, habla rapidísimo y no se puede estar quieto ni tantito."