Se usa cuando alguien se va al carajo con lo que dice o hace, se excede mal y ya no da gracia sino que cansa o complica todo. Es como cuando apretás demasiado un tornillo y se arruina la rosca. Sirve para bardear con cariño o marcar que alguien se re zarpó, aunque a veces tenga su encanto.
Se usa cuando alguien se pasa tres pueblos, exagera o se le va la mano con algo hasta que deja de tener gracia. Puede ser con chistes, con copas, con dramas o con reguetón a todo trapo. Es como decir que ya no está siendo razonable y que se le ha ido la olla bastante, aunque a veces haga hasta risa.
Se dice cuando alguien se pasa de la raya, exagera o cruza un límite, ya sea con un chiste, una actitud o una decisión. Es como apretar un tornillo de más y dañar la rosca: ya no es gracioso, ya es demasiado. Sirve para retar con cariño o para marcar que alguien se embaló feo.