Se dice cuando alguien se está yendo por las ramas, contando todo con lujo de detalles y tú ya estás desesperado por el resumen. Es como pedirle que deje el floro, que no te “hojee” la historia y te suelte de una vez lo importante. Va con tono de apuro y confianza, bien de pata a pata.
"Ya pues, Juan, no me estés hojeando el asunto. Suelta nomás, ¿qué pasó anoche con la flaca y por qué llegaste con cara de susto?"