En Misiones, decir que alguien tira globos es acusarlo de estar chamuyando fuerte, inventando cosas o exagerando a lo loco. No es el globo del cumple, es el cuento inflado que te quieren vender. Se usa mucho en charla de barrio cuando ya te cansaste de la novela y querés bajarlo a tierra.
En Buenos Aires, decirle a alguien globo es tratarlo de agrandado, de esos que se inflan de ego por cualquier pavada y van por la vida como si fueran famosos. También se usa para pincharle el humo a alguien que se la cree demasiado. No es el insulto más heavy, pero pica lo justo y queda redondito.
En Canarias, un 'globo' es cuando alguien queda fascinado por algo superficial que no perdura, como quedarse embobado con la portada de una revista brillante sabiendo que su contenido es puro relleno.
En México, decir que alguien es un globo es llamarlo puro cuento: presume, se infla y quiere impresionar con cosas que no tiene, como si fuera millonario de repente. También se usa para señalar una fanfarronada o una pose bien montada. Vamos, mucho aire y poca sustancia, pero a veces hasta da risa.
En Valencia, decir que alguien se ha hecho un globo es soltar una fantasía o venirse arriba con una idea que suena genial en su cabeza, pero en la vida real no se sostiene ni con cinta aislante. Vamos, un fliparse con planes imposibles o soluciones mágicas. Tiene su puntito, pero también da vergüencita ajena.
En Córdoba, decir que algo es un globo es llamarlo humo: un plan, proyecto o noticia que viene infladísima de promesas y bombo, todo el mundo hablando, y luego se queda en nada. Vamos, que se desinfla a la primera. Se usa mucho para pinchar el postureo y bajar a la peña a tierra.