Dicho norteño para cuando alguien se pone a bailar con todo, sin pena y con un zapateado que retumba. La idea es que se mueve tanto que parece que está puliendo el suelo a puro paso, como si trajera la lija en las botas. Se usa en fiestas, bodas o donde haya cumbia y ganas.
Se dice cuando vas a bailar con tantas ganas que, de tanto zapatear y arrastrar los pies, parece que el piso va a quedar pulidito y reluciente. Es una forma exagerada y vacilona de anunciar que la noche viene movida, con harto ritmo y cero descanso. Ideal para previas, fiestas y cualquier tono con buena música.