En Tacna se le dice gato al amigo bien querendón, medio bohemio y recontra vivo que nunca sale del bar sin haber ligado con alguien. Es como un Don Juan de barrio, más mañoso que guapo, que siempre se las arregla para conseguir pareja o al menos un número. Y hay que admitir que a veces hasta da risa verlo en acción.
En Santiago se le dice gato a la persona que vive de fiesta, que siempre está lista para el carrete y suele alargarlo hasta que sale el sol. Es ese amigo que nunca se va temprano, conoce todos los after y aparece en cada junta con ojeras pero con la mejor historia de la noche. Y hay que admitir que a veces da envidia.
En el Biobío se usa para llamar de forma muy cercana a un amigo, casi como decir compa o hermano. Suena juvenil, relajado y con un toque de complicidad, como cuando armas planes medios turbios pero con buena onda. No tiene nada que ver con el animal, es puro apodo de confianza, y la verdad es que suena bastante cariñoso.
En Junín, decirle gato a alguien es llamarlo vivo, pillo y bastante avispado, de esos que siempre caen parados y se las arreglan para sacar ventaja sin que parezca que hacen mucho. No es insulto, más bien un guiño de respeto mezclado con envidia sana. Y hay que admitir que a veces esos gatos son muy necesarios en el grupo.
En la jerga cusqueña, decir que alguien es gato es llamarlo tacaño, agarrado con la plata y siempre buscando cómo zafarse de pagar hasta el café. Es ese pata que se hace el loco cuando llega la cuenta, se olvida la billetera misteriosamente y nunca tiene sencillo. Y hay que admitir que a veces da risa de lo descarado que es.
En Apurímac se usa para llamar de forma cariñosa y medio pícara a un amigo o conocido, sobre todo si es medio travieso o siempre anda metido en alguna movida rara. Es como decir compa o causa, pero con ese toque de barrio que suena cercano y un poco malicioso. Y la verdad, dicho bien, suena hasta tierno.
En Uruguay se usa para hablar de una persona que se dedica al trabajo sexual, casi siempre de noche y moviéndose en autos, boliches o zonas de fiesta. Es una forma bastante despectiva, así que ojo con usarla, porque puede sonar muy ofensiva. Eso sí, en la jerga callejera se escucha un montón, sobre todo entre grupos de amigos que hablan sin filtro.
En Argentina, gato se usa para hablar de alguien que se dedica a la prostitución o que vive de favores sexuales, a veces con un toque de lujo y farándula. También se tira en chiste para decir que alguien es medio trepador o que se vende fácil por plata o fama. Es bastante despectivo, así que ojo dónde y con quién lo usás.
En Cundinamarca se le dice gato a alguien vivo, astuto y bien mañoso, de esos que siempre se las ingenian para salir bien parados. No es que sea mala persona, es más bien que tiene calle y olfato para encontrar atajos, oportunidades o la jugada perfecta. Como el gato, cae de pie y ni se despeina.
En Santa Fe se usa para el amigo que nunca falla cuando pintan la joda, el boliche o el after. Siempre está listo para salir, conoce a todo el mundo y suele ser el que prende la noche. No es un apodo fino, pero cuando te dicen Gato con cariño es porque sos garantía de descontrol y risas.
En Santa Fe y alrededores, decirle gato a alguien es tirarle una chicana: va de fino, se hace el de la alta sociedad, pero vive rascando el mango y nunca tiene un peso. También puede sonar a careta o medio fantasma, según el tono. No es un piropo, pero tiene su gracia si hay confianza.
En Carabobo se le dice gato a la persona que siempre cae donde hay comida, bebida o rumba sin haber sido muy invitada. Es ese pana que aparece de la nada cuando huele parrilla o ve una nevera llena. No siempre es mala vibra, a veces da risa porque es tan descarado que hasta cae bien.