Se dice cuando alguien se pone súper serio, formal y pedante, como si estuviera dando una ponencia en un congreso en vez de estar de tranquis. Vale para cuando sueltas un discurso larguísimo, hablas con palabras rimbombantes o te vienes arriba con tono de experto. Un poco cringe, pero a veces tiene su gracia.
Se dice cuando alguien se pone demasiado serio, formal o tieso, como si estuviera en una reunión importante con micrófono y acta, y no en un plan relajado. Es esa vibra de no reírse, hablar correcto y cortar el parche. Útil para bajarle dos rayitas a la solemnidad, con cariño.