Se dice cuando alguien se activa en plan cazachollos y empieza a regatear por todo, como si estuviera en un mercadillo un domingo por la mañana. No es solo pedir descuento, es entrar en personaje: negociar, apretar un poco y buscar la rebajita hasta en lo más tonto. A veces da vergüencita, pero tiene su arte.
"Fuimos al Rastro y Juan se puso en modo regateo: que si te doy diez, que si me lo dejas en ocho. Al final casi regatea hasta la bolsa, qué tío."