Se dice cuando te vas a dar un atracón nivel leyenda, de esos que parecen menú de taquería completa. Es una cena enorme, bien atascada, con todo lo que engorda pero te deja feliz y en paz con la vida. Se usa en plan presumido o de broma, como si fueras campeón por aguantarla.
"Güey, ayer me eché una cena de campeones: tacos al pastor con todo, pozole, y de remate churros con cajeta. Acabé tirado en el sillón, ya ni respirar podía."