Se dice cuando la cena está tremenda, bien casera y abundante, de esas que te dejan pipón y feliz. No es solo que esté rica, es que es un festín y salís con el botón del pantalón pidiendo auxilio. Encima te da bronca no poder repetir, porque estaba para aplaudir de pie.
"Anoche en lo de mi abuela fue cena de bandera: locro, pan casero y postre. Comí tanto que salí caminando despacito, como si me hubieran inflado con una bici."