Se dice para animar a alguien a que le ponga ganas, esfuerzo y buena actitud a lo que sea, aunque ande bajoneado. Es como un empujoncito cariñoso tipo “dale, tú puedes”, muy de México. No es magia literal, pero a veces levanta más que un café cargado, la neta.
Se dice para animarte a ti o a otra persona a ponerle más esfuerzo y actitud a algo, aunque ya estés cansado o con cero ganas. Es como un empujoncito cariñoso: no te rajes, tú puedes. Muy de México, y en Querétaro se oye un montón cuando toca sacar la chamba adelante.
Frase muy tapatía para decir que le pongas más esfuerzo, cariño y actitud a algo, no solo cumplir por cumplir. Es como meterle corazón, no rajarte y hacer las cosas bien hechas, aunque te dé flojera. Suena tierna, pero también es medio regaño disfrazado, y hay que admitir que tiene su encanto motivador.
Se dice para animar a alguien a que le meta más esfuerzo y actitud a algo, aunque esté pesado o salga mal. Es como decirle: ponle corazón, no te rajes y sigue dándole. Muy de compas, de echar porras sin ponerse cursi. Y sí, a veces funciona mejor que cualquier discurso motivacional.
Frase motivadora típica mexicana que significa ponerle esfuerzo a algo, dar lo mejor de ti en situaciones complicadas. Usada frecuentemente por mamás y jefes optimistas para insuflar ánimo.
Se dice para animar a alguien a que le meta ganas, esfuerzo y actitud a lo que está haciendo. Es como un empujoncito motivador, medio tierno y muy de casa, tipo consejo de mamá o abuelita. No promete milagros, pero te pone las pilas y te recuerda que rendirse no es opción.