Se dice cuando alguien se pone a hablarte un buen rato sin parar, soltando un monólogo que no pediste y del que cuesta zafarse. Vamos, que se enrolla como una persiana y te deja la cabeza como un bombo. Puede ser por pesado o por entusiasmo, pero tú acabas buscando una salida.
Se dice cuando alguien se pone a hablarte sin freno y te suelta un monólogo larguísimo y pesado, normalmente de algo que le flipa a él y a ti te da un poco igual. No te deja meter baza ni para pedir agua. Vamos, que te taladra la cabeza y te deja con cara de póker.
Se dice cuando alguien se enrolla muchísimo y te suelta un discurso eterno que no pediste. Vamos, que te da la turra con detalles, anécdotas y blablablá hasta que te dan ganas de salir corriendo. No siempre es con mala intención, pero cuando te toca, te toca. Y resumir, lo justo.