En Risaralda se usa para decir que alguien se encomiende a Dios antes de hacer algo difícil o arriesgado. Es como decir que se prepare, que rece un poquito y se lance con fe. Sirve para exámenes, entrevistas, ligues imposibles y toda misión suicida del día a día. Y la verdad, a veces sí parece que ayuda.
Se dice cuando alguien se encomienda a Dios antes de hacer algo que da nervios, es arriesgado o puede salir regular. Es como persignarse, pero dicho en plan coloquial, para agarrar valor y llamar a la buena suerte. Muy de antes de salir, antes de un examen o antes de mandar ese mensaje que te deja temblando.