Se dice cuando en un sitio se arma el desorden bueno: bulla, gente hablando encima, música a tope y todo el mundo alborotado. Puede ser por fiesta, por chisme o por una discusión que se salió de control. La idea es que el lugar parece un mercado, puro ruido y movimiento. Y sí, suena sabroso decirlo.
"Marica, llegamos dos horas tarde y ya habían armado el mercadito: vallenato duro, gritos por la cerveza y hasta el vecino metido en el chisme."