En El Salvador se usa para decir que hay que meterle velocidad o intensidad a algo, ya sea trabajo, fiesta o cualquier actividad. Es como decir que hay que ponerse las pilas y no aflojar, todo a full. Suena a que la cosa va en serio, pero con ese toquecito sabroso de calle que siempre anima.
En Cuba se usa para decir que le metes caña a algo o a alguien: apretar, insistir, darle duro, ya sea en una bronca, en el trabajo o en la rumba. También puede tener un toque de flirteo subido de tono, como estar tirándole fuerte, pero no es solo coquetear. Es una frase con fuego, literal.
Exprimir al máximo las funciones o características de un aparato o tecnología hasta dejarlo exhausto.
Darle a algo un nivel de entusiasmo tan descabellado que parecieras poseído por el mismísimo espíritu de una mascletà.
Resolver una situación de manera tan rápida y brillante que sorprende a todos, como si hubiera prendido fuego a una serie de buenas ideas para alcanzar la solución antes que nadie.
Estar tan absorto en algo que el mundo a tu alrededor se funde o desaparece como mantequilla, convirtiéndote en el rey temporal de tu pequeña santa obsidian de desmadre.
En Andalucía se dice para meterle caña a algo, darle fuerte y sin miramientos. Puede ser a una persona en una bronca, a un trabajo a tope o incluso a la comida cuando te la zampas con ganas. Es como decir que no te andas con tonterías y vas a saco. Y suena potente, la verdad.
Usado cuando alguien se pone las pilas o mete caña para que algo suceda rápido. También puede significar animar una fiesta o situación con mucha energía.
Farrear tan intensamente que amanece sin recordar cuántos pasos de reguetón te gestionaste, pero ninguna preocupación importa porque así le das vida a la noche.
Expresar una opinión tan provocativa o picante que incendias el debate, dejando el ambiente hasta más caldeado que en verano en la Gran Vía.