En Guinea Ecuatorial se le dice sapo a la persona que está siempre al loro de todo, metida en los chismes y enterándose antes que nadie. Puede sonar medio cariñoso o medio acusación, según el tono. Vamos, el típico que sabe quién se peleó, quién volvió y quién debe dinero sin que nadie le cuente nada.
En Venezuela se le dice sapo a la persona que vive pendiente de lo que hacen los demás y va corriendo a contarlo, ya sea por chisme o para delatar a alguien. Es como el típico que no sabe cerrar la boca y se gana mala fama en el barrio, aunque a veces tenga información jugosa, hay que admitirlo.
En el Biobío un sapo no es el bicho que salta, es la persona copuchenta que se mete en todo, siempre pendiente de la vida ajena. Puede ser el típico vecino que espía por la ventana o el amigo que sabe todos los cahuines del barrio. A veces cae bien porque está informado, pero igual da un poco de lata tanta sapedad.
En Antioquia, un sapo no es solo el anfibio feo del charco, sino el que vive pendiente del chisme, se mete en lo que no le importa y termina armando lío ajeno. También puede ser el que va y acusa a los demás con el profe o con el jefe. Es de esas palabras que duelen, pero a veces le quedan perfectas a más de uno.
En Huila y en buena parte de Colombia, sapo es el que vive de metido en lo ajeno: chismoso, entrometido y con la lengua suelta. Se usa para regañar o burlarse del que anda averiguando y luego va a contarle a todo el mundo. No es un piropo, pero pega perfecto cuando alguien se pasa de curioso.
En Cundinamarca un sapo es el típico metido que vive pendiente de la vida ajena para ir con el cuento al jefe, a la mamá o a quien sea. Es el chismoso oficial del parche, el que no deja pasar ni una y siempre está listo para sapear. Y hay que admitir que a veces toca tenerle más miedo que respeto.
En Tabasco se usa ¡sapo! como una forma muy local y cariñosa de despedirse, algo así como decir adiós con sabor a río y calorón. Suena a que mandas a alguien a pegar un brinco, pero en realidad es puro buen rollo tabasqueño. Es de esas expresiones que, si no eres de ahí, te dejan con cara de rana confundida.
En Colombia, sapo es el metido que se cuela en todo, pregunta de más y vive del chisme. También se usa para el que va a contarle a otros lo que no le importa, tipo soplón o lambón de la autoridad. Vamos, el que no puede ver un secreto quieto porque ya lo está regando por el barrio.
En Antioquia se le dice sapo a la persona chismosa, metida y lambona que no sabe cerrar la boca. Vive pendiente de la vida ajena, se entera de todo y va por ahí contando detalles que nadie le pidió. Es como un noticiero ambulante, pero versión barrio y con cero discreción, aunque a veces da hasta risa.
En Chile se le dice sapo a la persona metiche, copuchenta, que siempre anda pendiente de lo que hacen los demás y mete la nariz donde no lo llaman. Puede ser el vecino que espía por la ventana o el amigo que quiere saber todos los cahuines. No es un insulto brutal, pero tampoco es un halago, así que se usa con cuidado.