En el Valle del Cauca se usa para decir que alguien va muy rápido, que anda a toda velocidad haciendo algo o moviéndose como si lo persiguiera el diablo. Puede ser manejando, caminando o hasta trabajando, pero siempre con esa sensación de afán extremo. Es como ir embalado, y la verdad es que suena bien sabroso.
En el norte de México, sobre todo en Tamaulipas, trazarse es cuando alguien se sirve o se ataca la comida o la bebida con ganas, sin tantita pena y en porciones generosas. No es solo comer, es arrasar con el plato como si no hubiera mañana. Suena medio exagerado, pero por eso da risa.
En Cusco se usa para decir que alguien se queda ido, colgado, como en pausa, mirando al infinito sin procesar mucho. Es ese momento en que tu cuerpo está presente pero tu mente anda por los cerros de Úbeda, o mejor dicho, por Machu Picchu. No siempre es malo, pero si te trazas en clase, fijo que te pierdes la mitad.
En México se usa para decir que alguien se va a poner una buena borrachera, a empedarse sabroso y a darle duro a la fiesta. Es como decidir que esa noche no hay límite, que se va a beber, bailar y desvelarse sin remordimientos. Suena medio destructivo, pero aceptémoslo, a veces el cuerpo pide trazarse tantito.
En Chihuahua se usa para decir que alguien se armó un plan o se organizó algo con intención, a veces con maña y a veces nomás bien pensado. Puede ser desde una salida tranqui hasta una travesura medio calculada. Es como decir que ya lo traías bien trazado y no fue improvisado. Suena bien norteño, la neta.
En Tlaxcala, trazarse es ponerse bien guapo, echarle ganas al outfit y al peinado para que se note el cambio cañón. Es como pasar de modo facha de diario a modo perreo elegante. No es solo vestirse bonito, es entrarle con actitud y estilo. Y la neta, cuando alguien se traza bien, sí se nota.
En Córdoba se usa para decir que alguien se pone a hacer algo con mucha pila, rápido y medio a las apuradas, sin planear demasiado. Es como mandarse de una, improvisando y metiéndole garra. Puede salir genial o un desastre, pero la actitud es lo que manda, y la verdad es que tiene su encanto.