Mérida es montaña andina, teleférico y un frío que te abraza. Los merideños son gente noble y orgullosa de sus páramos, con un acento cantadito y unas truchas de río que saben a gloria.
"Hijo de tigre sale pintado significa cuando el hijo hace las mismas cosas que hace el papá. Por ejemplo, el da loco o ese hijo tuyo es igualito a ti. Hace todo lo que tú haces. Toma ron y toma de todo. Hijo de tigre sale pintado."
Armar un zaperoco
Se dice cuando alguien monta un lío grande, un alboroto o un desorden que se riega y se vuelve puro escándalo. Suele implicar gritos, gente metiéndose y un ambiente de caos sabroso, de esos que empiezan por una tontería y terminan con medio mundo opinando. Muy venezolano, muy de chisme y bulla.
Hijo de tigre
Dicho para soltar que alguien salió igualito a su papá o a su mamá, para bien o para mal. Si el viejo era crack, el chamo también. Y si el viejo era tremendo personaje, pues ya sabes. Es la versión criolla de que de tal palo, tal astilla, pero con más sabor.
Andar ta'puyado
En Mérida se dice de alguien que anda sin ganas, flojo, medio apagado, como con el cuerpo pesado y cero ánimo para moverse. Puede ser por sueño, resaca, gripe o pura ladilla. Es ese estado en el que te hablan y tú solo existes, pero no funcionas. Y sí, suena a excusa perfecta para no hacer nada.
Chambear duro
En Mérida se dice cuando alguien está trabajando a lo bestia, metiéndole horas y esfuerzo como si no hubiera mañana. Es el típico “me estoy dejando la piel” porque la cosa está ruda o porque hay que sacar el trabajo sí o sí. Suena muy de calle y va perfecto para hablar de alguien bien fajado.
Échale la capucha
Se dice cuando toca cubrir o proteger algo para que no se dañe, sobre todo si viene lluvia, polvo o cualquier desastre de esos que te agarran desprevenido. Es como decir ponle una tapita, cúbrelo, resguárdalo ya. Muy de calle y bien práctico, de esas frases que te salvan el celular y la paciencia.