Se usa para decir que algo está lejísimos, tan fuera de mano que casi parece otro planeta. Es como cuando te dicen que el sitio está tan lejos que ni el Uber llega sin que le dé depresión. Es una forma divertida de quejarse de la distancia, y la imagen de Tarzán perdiendo el cuchillo tiene su gracia absurda.
Se dice cuando algo está lejísimos, en un sitio perdido de la mano de Dios, donde no llega ni el bus ni la cobertura. Vamos, el típico lugar al que te mandan y ya te ves criando telarañas. No es literal, claro, pero la imagen de Tarzán buscando el cuchillo en la selva tiene su puntito.
Se dice cuando algo está lejísimos, en un sitio perdido o tan a tomar por saco que ni el GPS se atreve. Vamos, el típico lugar al que llegas y piensas: ¿pero quién me mandó a mí venir aquí? Sirve para quejarse con humor de direcciones imposibles o planes en la quinta leche.
Se dice de un sitio lejísimos, perdido de la mano de Dios, al que llegar es una odisea. Vamos, el típico lugar que te mandan y acabas sin cobertura, dando vueltas y preguntando a una cabra. Sirve para quejarte de lo remoto o mal comunicado que está algo. Y sí, suena exagerado, pero esa es la gracia.
Se dice para hablar de un sitio lejísimos, perdido de la mano de Dios, donde no llega ni el GPS y acabas preguntándole a una vaca por el camino. Vamos, un lugar en el quinto pino, a tomar por saco. No es tanto de meigas, es más de estar en medio de la nada. Y sí, suena a aventura cutre.
Se dice cuando un sitio está lejísimos, perdido de la mano de Dios y encima no lo conoce ni el tato. Vamos, que para llegar tienes que llevar bocata, paciencia y cobertura cero. En Canarias encaja perfecto para hablar de un barranco, un camino de cabras o cualquier rincón remoto donde no pinta nadie.
Se dice cuando un sitio está lejísimos, perdido de la mano de Dios, o tan metido en el monte que ni el GPS se atreve. Vamos, un lugar remoto y medio salvaje donde parece que te vas a encontrar lianas, mosquitos y cero señal. Es una forma exagerada y graciosa de decir: aquí no llega nadie.
Se dice cuando algo queda lejísimos, en la punta del cerro, donde no llega ni la micro y el GPS se rinde. Es ese lugar perdido, medio enredado, al que llegas después de mil vueltas y con cara de ¿por qué acepté venir?. Sirve para quejarse con humor de lo remoto e incómodo del trayecto.
Se dice cuando un sitio queda lejísimos, perdido en la loma del orto, como si no existiera en el mapa. Puede ser un barrio re lejos, un pueblo en el medio de la nada o cualquier lugar al que llegar te da pereza solo de pensarlo. Es exageración bien argenta y, la verdad, pinta perfecto el sufrimiento del viaje.
Se dice para hablar de un sitio lejísimos, perdido de la mano de Dios, donde no llega ni el WiFi ni las ganas de vivir. Vamos, un lugar tan remoto que parece que el mapa se rinde antes de encontrarlo. Se usa cuando te mandan a la punta del cerro o cuando algo queda exageradamente lejos.