En Guinea Ecuatorial se dice cuando te toca subirte a un taxi o coche viejísimo, hecho polvo y con más óxido que chapa. Vamos, de esos que suenan a lata, huelen a motor cansado y te hacen rezar en cada bache. No es que sea elegante, pero describe la experiencia perfecto y tiene su puntito.
"Ayer cogí un óxido para ir al curro y el taxi iba tosiendo en cada cuesta, yo mirando el reloj y pensando: como se pare aquí, llego mañana."