En Arequipa se le dice cacharro a un carro viejo o medio destartalado que ya pasó sus mejores épocas, pero igual sigue dando batalla. Puede sonar raro, botar humo o tener la puerta amarrada con alambre, pero te lleva y te trae. Se usa con cariño y un toque de burla, porque ese fierro tiene historia.
En Cusco se le dice cacharro a un carro viejo y medio destartalado, de esos que suenan más que avanzan y te hacen rezar en cada subida. No es necesariamente un insulto, también va con cariño y resignación cuando el bolsillo no da para más. Si tu auto parece reliquia, ya sabes.
En Moquegua se usa para hablar de un carro viejo, medio destartalado, que hace ruidos raros y parece que se va a caer a pedazos, pero sigue rodando como campeón. Es ese auto que da vergüenza ajena, pero al mismo tiempo es fiel como perro callejero. Y hay que admitir que muchos le tienen hasta cariño.
En Tacna se usa para hablar de un auto viejo, medio destartalado, que hace ruidos raros y parece que se va a desarmar en cualquier momento. Es ese carro que ya debería jubilarse, pero sigue dando pelea. Suena cariñoso y burlón a la vez, y hay que admitir que tiene bastante gracia cuando lo dices.
En Áncash se usa para hablar de un carro viejazo, todo maltrecho, que suena a lata y parece que se va a desarmar en cualquier hueco, pero igual sigue jalando como guerrero. Es ese auto que da risa y pena a la vez, aunque en el fondo le tienes cariño porque nunca te deja tirado. Y hay que admitir que tiene su encanto.